Björk y ‘Vulnicura’ amenazan con convertirse en llenazo

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LIONSONG

Aunque ya lo anunciábamos hace unos días en Cuatro Pistas, hoy ejerzo de alarma bloguera con todos vosotros y os recuerdo que las entradas para ver el único concierto de Björk en España salen HOY a la venta. Sí, hoy. Luego no vengáis con caritas tristes porque os habéis quedado sin hueco en el Poble Espanyol porque, aunque todos sabemos que ella es extravagante como pocas, no ha habido vez que haya pisado nuestro país y que la gente no se haya dado de tortas por ir a verla agotando los tickets rápidamente.

La artista islandesa aterriza el 24 de julio en Barcelona para presentar su último disco, Vulnicura (Sony, 2015), una mezcla de vulnerabilidad, volcán en erupción y proceso curativo en 60 minutos de melodías. Björk vuelve a sus orígenes en este disco, tal vez el más personal de todos, recuperando los sonidos orquestales, los arreglos de cuerda exuberantes y los ritmos electrónicos lentos y quebradizos a los que nos acostumbró en los años 90.

Pero lo más importante es que Björk ha dado, por fin, muestras de ser igual que el resto de los mortales. A pesar de ser una artista tan grande como polivalente, un alma inquieta y una conquistadora de sonidos únicos, a la que fuese líder de los Sugarcubes le han roto el corazón. Matthew Barney, su marido desde hace 13 años y padre de su hija Isadora, la dejaba completamente desolada hace unos meses cuando decidía iniciar una nueva vida en solitario. El proceso de duelo de la cantante se ha transformado en nueve canciones tan melancólicas como potentes que dejan a la luz su ego marchitado, su alma, sus sentimientos y su deseo de recuperación.

No busquéis en Vulnicura los ritmos bailables de Volta (Polydor, 2007), los sonidos experimentales de Biophilia (Nonesuch, 2011), ni la vocecilla de hada de Vespertine (One Little Indian, 2001). Este álbum es aflicción pura, tristeza extrema, desgarro y el resurgir de una mujer nueva. La mejor muestra de  ello es, para mí, Family, el sexto de los temas del disco:

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Abre el nuevo álbum Stonemilker, un tema cargado de ritmos tan suaves como violentas son la angustia y la pena de la compositora. Las letras desprenden rabia a borbotones y necesidad de salir adelante: “Show me emotional respect, I have emotional needs”. Ni los violines ni los beats decelerados logran apartar la frustración extrema.

Violonchelos para Black Lake y unos arreglos que ponen de manifiesto que, cuanto más experimenta Björk con los nuevos acordes, más se acerca a lo que empezó siendo su marca de identidad, ese sonido que sólo a ella caracteriza. Pero es en Atom Dance, la balada en la que colabora Antony Hegarty, cuando el disco sale de la oscuridad para entrar en una nueva fase de esperanza positiva. Prodigios electrónicos y un ligero pop distendido en un álbum en el que parece no caber este género.

El siempre polémico Arca coproduce este Vunlicura, que cuenta también con la colaboración del británico The Haxan Cloak, que ha mezclado el disco y firma las ambientaciones tenebrosas. Un directo que promete ser inigualable.

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