Crítica: Beach House – Depression Cherry

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Depresion Cherry ha sido uno de los discos más esperados del año. Aunque con un inicio titubeante, reafirma el compromiso creativo a favor de la originalidad y la exploración que caracteriza al ‘matrimonio’ formado por Victoria Legrand y Alex Scally. Bravo por ellos.

De entre las infinitas bandas que han surgido en este siglo XXI por el que transitamos sin pena ni gloria, Beach House es una de las que mayor unanimidad ha congregado a su alrededor. Son buenos, muy buenos de hecho. Gran parte de la crítica, impulsada por Pitchfork, admira su originalidad y actitud frente a la industria; en cuanto a su público, la palabra que mejor lo define es devoción. Por poner un ejemplo, en su último paso por Barcelona dieron conciertos en dos días consecutivos, algo muy poco habitual en la Ciudad Condal.

Ruptura del consenso

Pese a estos sólidos fundamentos, la llegada de su último lp, Depression Cherry (Sub Pop, 2015), ha generado una división de opiniones monumental. De hecho, desde que el disco se pudo escuchar vía streaming se han podido leer críticas (positivas y negativas) particularmente extremas.

Era de esperar. A diferencia de sus predecesores, Depression Cherry es un disco más cerebral y reflexivo, lo cual puede haber repelido a más de uno. La conexión emocional que Beach House supo crear con sus oyentes, sobre todo con Teen Dream y Bloom, no podía mantener su intensidad eternamente. Porque incluso la persona con la vida más intensa a veces se detiene a pensar.

Regreso al futuro

En la nota de prensa que el grupo lanzó en verano para anunciar la salida de su quinto album, Alex Scally y Victoria Legrand lo definieron como un retorno “a la simplicidad, con unas canciones estructuradas alrededor de una melodía y algunos instrumentos.” Normal que a posteriori se desdijeran de esta cita, pues no hay nada más lejos de la realidad: en Depression Cherry no se detecta un retorno a ese sonido primigenio -sencillo, con apenas capas y en las que la percusión sí que era protagonista- que caracterizaba a su primer disco homónimo y a Devotion. Por el contrario, en sus nuevos 9 cortes se detectan más bien 9 pasos adelante en el sonido Beach House, algunos titubeantes y con la mirada puesta en el pasado; otros muy firmes y con letras que se sumergen todavía más en la tradicional opacidad de las composiciones del dúo de Baltimore.

La primera parte del disco es precisamente la más conservadora y adolece del carácter rompedor que siempre ha caracterizado a sus nuevos lanzamientos. Levitation, con su bruma y reverb para regalar, podría ser una continuación de la última canción de Bloom. Space Song y su riff recuerdan en demasía a esa súper composición que es The Hours.

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Un despegue lejos de la zona de confort

Por suerte, Beach House se reserva las mejores cerezas del cesto para el final. El ritmo triphopero de 10:37 anuncia un cambio de paso que se confirma con las dos siguientes canciones, las más sobresalientes del lp. PPP es una narración sobre la duda en la que destaca por encima de todo un enfático y reiterativo punteo de guitarra alrededor del cual orbitan el resto de elementos de la canción. Por su parte, Wildflower es, para el que esto escribe, la mejor canción del grupo en sus poco más de diez años de historia.

Los dos temas finales, Bluebird y Days of Candy, ahondan en esta faz de Beach House más satisfactoria: hay más riesgo en las melodías, más instrumentos involucrados, cierta querencia a dar más peso a su faceta electrónica… En definitiva, una voluntad de ofrecer algo nuevo pero sin perder su esencia. Un actitud con la que, una vez más, Beach House consiguen entregar un disco sobresaliente (aunque sin llegar a la matrícula de honor).

Ahora toca esperar, seguir digiriendo las nuevas canciones y en noviembre verlos en directo (un entorno muy diferente al estudio de grabación). Recordad que todavía quedan entradas para los conciertos de Beach House en Barcelona y Madrid. Nosotros no dejaremos escapar la posibilidad de ver a Legrand y Scally en un momento creativo tan dulce. ¿Y vosotros?

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