Crítica: Brian Eno – Reflection

Etiquetas:
FacebookTwitterGoogle+PrintEmail
Brian-Eno

Dicen que los comienzos de año son la época perfecta para los nuevos propósitos, así que no podíamos dejar pasar la oportunidad de sumarnos a la propuesta del gran maestro del ambient, Brian Eno. Como regalo para este inicio de 2017, el padre de la música minimalista nos ha dejado 54 minutos de cadencias en un disco en el que nos invita a la reflexión, a la introspección y a la conversación interna. Reflection (Warp Records, 2017) es la mejor manera de empezar este año enfrentándonos a nosotros mismos, a lo que proyectamos y al mundo que nos rodea.

Poco podemos decir de Brian Eno que no sepa ya medio planeta. Este prodigio de la música lleva cerca de 40 años demostrándonos que la música tiene aún millones de maneras de sorprendernos, una y otra vez. Con cada trabajo Eno ha superado los límites que había marcado en el anterior, pero es que Reflection va aún más allá, dejando patente que la música es infinita y que las canciones pueden estar construidas con un código eterno.

Todos los álbumes anteriores de Eno parecían estar concebidos con un propósito concreto, así que éste no podía ser menos. A punto de cumplir 70 años, parece haber frenado en seco para tomar distancia y observar atentamente todo lo que lo rodea. Desde esa posición de espectador en una primera y única fila, nos envuelve en un manto invisible para que le acompañemos y disfrutemos del espectáculo.

Después de varias escuchas, debo reconocer que cada una de ellas ha sido diferente a la anterior. La grandiosidad de esta única pieza de casi una hora reside precisamente en que nunca suena igual. Las sensaciones que transmite la secuencia de melodías dependerán del entorno, del estado de ánimo e, incluso, de la edad del oyente. Sucede del mismo modo que cuando uno se tumba junto a otra persona descubriendo las formas de las nubes; es casi imposible coincidir en las figuras. Con Reflection, uno puede verse transportado a un puerto de mar en una ciudad brumosa mientras otro puede estar saltando de piedra en piedra cruzando un río invisible rodeado de verdes praderas.

Los sonidos van y vienen de forma gradual, se entremezclan y nos mantienen alerta, combinando picos de intensidad con silencios rotos. La música se mantiene viva y fluye sin parar, reforzando esa idea de obra infinita y en continuo movimiento.

Por si esto no fuese suficiente, Brian Eno, el gran creador por excelencia, aún tiene más que ofrecer. Junto con el CD y el vinilo hay una versión deluxe en forma de aplicación para dispositivos iOS y para Apple TV. Después de que Facebook nos hiciese pensar que teníamos un millón de amigos, de que Twitter nos convirtiese en atrevidos contertulios, después de que Pinterest nos hiciese pensar que lo sabíamos todo acerca de todos los temas y que Instagram nos disfrazase de grandes fotógrafos, ahora llega Brian Eno y nos hace pensar que todos podemos ser productores musicales y jugar con los sonidos sin fin.

Esta app, diseñada por su gran amigo Peter Chilvers, nos muestra una composición visual de diferentes colores que cambian de forma gradual al ritmo de la música y que, además, es capaz de registrar cambios dependiendo del momento del día en el que nos encontremos. Los sonidos pueden alargarse o acortarse al gusto, modificando a su vez la paleta de colores y las secuencias. Un ritmo sin fin que nunca será igual que unos segundos atrás. Lo único malo es el precio, a casi 40 eurazos.

FacebookTwitterGoogle+PrintEmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *