Crítica: Broken Social Scene – Hug of Thunder

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broken social scene

Siete años después de su última publicación, Broken Social Scene vuelven con Hug of Thunder, un disco vivo y mutante. Partiendo de un lenguaje más directo y transparente para luego adentrarse en territorios más livianos y desahogados, el colectivo canadiense redefine una vez más su sonido sin salirse de los márgenes del pop independiente. Un discazo, vaya.

No hace falta conocer en profundidad la extensa obra de Broken Social Scene para entender que con Hug of Thunder se han desmarcado de algunos de sus axiomas estilísticos fundamentales. El colectivo canadiense, del que forman parte cerca de una veintena de artistas, siempre se ha distinguido por un sonido alternativo, esquivo, difícilmente clasificable y con una fuerte vocación hacia la experimentación y la ruptura de los moldes. Aquí, sin embargo, su propuesta se define con mayor transparencia gracias a un lenguaje musical más directo, contundente y efusivo, como si después de varias horas de neblina matutina viéramos con claridad y nitidez un horizonte que ya intuíamos entre líneas.

Horizontes visibles

Lejos de haberse acartonado, el nuevo sonido de Broken Social Scene sigue mostrando una asombrosa flexibilidad pese a su mayor concreción. La variedad de ritmos, texturas y atmósferas hace del disco un organismo vivo, mutante y en movimiento, presentando un cuadro tan colorido, diverso y estimulante como todos los que subyacen en cada una de sus anteriores publicaciones. La diferencia es que en Hug of Thunder no hay apenas ángulos muertos, callejones oscuros o esos bancos de niebla recurrentes que, generalmente, nos impedían recordar el camino de vuelta del interior de cada álbum.

Además, es evidente que en la ya dilatada trayectoria de Broken Social Scene, y partiendo de su instrumentalismo inicial, ha venido creciendo la importancia de las voces como guía melódica. Voces, en plural, ya que en este apartado de Hug of Thunder participa casi la mitad del colectivo: Kevin Drew y Brendan Canning, fundadores de la banda, Leslie Feist –que no cantaba con ellos desde 2006–, la Emily Haines de Metric, la Amy Millan de Stars, Ariel Engle, Andrew Whiteman, Dave Hamelin y Lisa Lobsinger; por no entrar en los coros.

El álbum, en cualquier caso, nos gana por su arranque: por ese triplete inicial de temas –con permiso de ‘Sol Luna’, la intro– que nos deja con la boca abierta: ‘Halfway Home’, pieza decidida y eufórica que contrasta con el drama expuesto en la letra, pero que muestra de manera contundente y firme todo el arsenal instrumental y arreglístico del colectivo; ‘Protest Song’, llena de carisma, garra, con una excelente y versátil Emily Haines y con una línea central de guitarra capaz de erguirse como himno de esperanza; y la anticrepuscular ‘Skyline’, un delicioso e impoluto corte acústico que se enriquece rítmicamente a cada compás hasta alcanzar un punto de cocción cercano al de Grizzly Bear. Podría decirse, sin miedo a exagerar, que son tres de las mejores canciones de siempre de Broken Social Scene.

Prueba sin error

Entonces es cuando Hug of Thunder se transforma. Dejando de lado las tensiones y formas emocionales del inicio, ‘Stay Happy’ –pop aparentemente frugal y despreocupado– nos da la bienvenida a un terreno más desahogado y liviano que acaba ocupando la mayor parte del álbum. A excepción de la erizada ‘Vanity Pail Kids’ y el último arrebato del final de ‘Mouth Guards of the Apocalypse’, canciones como la homónima ‘Hug of Thunder’ –una sencilla y digna mirada atrás–, compuesta y protagonizada por Feist, en la línea de Pleasure, la un-poco-trepidante-pero-plana ‘Towers and Masons’, el remanso de paz que es ‘Victim Lover’, ‘Please Take Me with You’, en una línea etérea cercana a Yo La Tengo, y la mágica y tranquila Gonna Get Better, marcan el espíritu de un disco en el cual sus autores no han terminado de renunciar a sus raíces impresionistas.

Porque, en el fondo, da la sensación de que esta aparente concreción –reducida, a la postre, solo a los inicios– y la adopción de un lenguaje más directo y claro, lejos de ser muestras de un definitivo abandono de sus inquietudes experimentales, son más bien eso mismo: otro experimento más, la prueba sin error de una excursión estilística como otra cualquiera de las muchas que han afrontado en su rica discografía. No obstante, y en opinión de quien firma estas líneas, Broken Social Scene han encontrado un filón en esta exploración, ganando en carácter y en capacidad emocional. Poder desarrollar todo eso con libertad es lo que les define como banda independiente.

 

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