Crítica: Ducktails – St. Catherine

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Ducktails-St.-CatherineCreer en el verano eterno es una idea tan atractiva como surrealista. Ostentosa si nos la retratan desde la adolescencia y apelando a los recuerdos más intrínsecos de cada persona. Fascinante cuando nos la evocan con ambientes en forma de atardeceres infinitos y estampas imposibles; en esos momentos, el tiempo podría detenerse y ni caerías en la cuenta. Aunque los precedentes de Ducktails no nos dibujan puestas de sol de este calibre, lo cierto es que, tras varios años de indagaciones, Matt Mondanile ha modelado su registro para crear algo perdurable. Su cuarto disco, St. Catherine (Domino, 2015), despide la suavidad propia de la brisa marina y sigue los cauces del pop psicodélico con más convencimiento que nunca. Rumbo que más o menos ya marcó “The Flower Lane” (con resultados no tan efectivos) y que ahora se acomoda a la vista de todos.

Que este álbum suene como algunos de los pasajes más primaverales de Real Estate no es casualidad, por supuesto. Mondanile, también guitarrista de la susodicha, es un enamorado del entorno que lo rodea, de la armonía a todos los niveles, sea de una obra de Michelangelo como de un parque remoto de Berlín. En ella encuentra la inspiración y así es cómo lentamente ha ido engullendo todo arrebato experimental. Y es que en este cuarto asalto discográfico el de New Jersey ha tirado de estudio para empaquetar un trabajo que fluye como pez en el agua. Sin perder su deje clásico, de guitarras que remiten a esos ochenta de los Smiths, Ducktails abraza pasajes instrumentales que se encuentran a medio camino entre la paz absoluta y la fantasía.

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Teniendo en cuenta que se trata de una obra autobiográfica y de que nos habla de los cambios constantes de nuestro entorno, cada ambiente se percibe como un lugar que Mondanile no hubiese querido dejar atrás. Desde aquella tarde para emborracharse de fantasía con ‘The Disney Afternoon‘, pasando por ‘Headbanging in the Mirror‘, distendida y despojada de urgencia como una April’s Song de Real Estate, hasta una ‘Heaven’s Room‘ dolida que ruega a golpe de coros angelicales que le den un pase al cielo. En realidad, ha hecho méritos suficientes para ganárselo. Y es que con todo, si tiene que matizar la faceta psicodélica que le ha acompañado desde al principio, lo hará con suaves pinceladas y sin irse por la ramas; claro ejemplo en ‘The Laughing Woman‘.

Consumido este viaje idílico, poco importa lo que fuere de Ducktails años atrás. En esta expedición hay tiempo para soñar, perderse y no pensar en nada, más allá de aquello que te hace gozar del presente inmediato. Así, “St. Catherine” es como el paréntesis vacacional que tanto anhelamos durante el año, sea el mes que sea. Hoy empieza el otoño y sin embargo, da igual. No nos castigaremos como los Pains of being pure at heart, pues la vida es demasiado corta como para enfurruñarse en sus caprichos. Nunca es tarde para desconectar.

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