Crítica: Fleet Foxes – Crack-Up

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Crack-Up, el esperado tercer disco de Fleet Foxes, rebosa tanta calidad y riqueza instrumental que hasta se hace pesado. Compuesto por infinidad de momentos fugaces, cambios de escena y estructuras caprichosas, podría alimentar a una familia de hípsters durante un mes entero. Ahora bien, si no quieren empacharse quédense con la primera e insuperable media hora.

El cerebro humano tiene una capacidad de absorción limitada, incluso si se trata de algo bueno y hermoso. Pasado el umbral de las 10 alfombras persas, por ejemplo, y por muy maravillosas que éstas sean, uno deja de distinguirlas y compraría cualquiera. Algo semejante ocurre con Crack-Up, el esperadísimo –han empleado seis años– nuevo trabajo de Fleet Foxes: el típico disco en el que los majestuosos árboles, sus delicadas hojas, sus alargadas ramas y sus cortezas nobles hacen que nos importe un carajo ver el bosque.

Ha pasado tanto tiempo desde la última referencia de la banda de Seattle que revitalizó el folk a finales de la década pasada que prácticamente no teníamos expectativas con respecto a su retorno. ¿Reconducirían su propuesta hacia cotas diferentes en su tercera entrega? ¿Rescatarían el sonido que les hizo célebres con Fleet Foxes y Helplessness Blues? Poco importaba mientras volvieran de una u otra forma, ya que su silencio parecía significar el declive de aquel repunte neo-folk, toda vez que Bon Iver, otro de sus más evidentes representantes, ha abandonado definitivamente sus formas con su último disco.

Escenas y actos

En ese sentido, Crack-Up es la reivindicación de un género más que de una banda. Fleet Foxes no son cautivos de sí mismos sino más bien de su universo, plasmado de manera abrumadora en un álbum con el que no buscan copar portadas. Por eso más que hits, melodías pegadizas y temas memorables, lo que apreciamos de su nuevo álbum son fragmentos y pasajes concretos: momentos fugaces que hay que cazar al vuelo y que, muchas veces, campan ajenos a lo que vendría a ser la estructura normal de una canción. Porque Crack-Up, incluso dentro de varios de los 11 temas que contiene, se compone de escenas y actos más que de estrofas y estribillos.

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Esto último queda claro en la inaugural ‘I Am All That I Need / Arroyo Seco / Thumbprint Scar’: un tema presentado en forma de tríptico cuyo fragmento central expone toda la riqueza natural e instrumental con que la banda representa su universo a modo de música. También en ese final tan The Moody BluesDays of Future Passed– de ‘Cassius, –’ y en la entusiasta y luego cavernosa ‘Third of May / Ōdaigahara’, todavía en ese glorioso primer tramo de 20 minutos.

Demasiadas escenas y actos

Siguiendo con la metáfora de las alfombras persas, es posible que nos calen más los primeros cinco o seis temas de Crack-Up simplemente por su colocación. No obstante, la sencillez y la profundidad de ‘Naiads, Cassadies’ y ‘Kept Woman’, la primera sostenida por una guitarra y la segunda por un piano, nos habrían embriagado en cualquier posición, conformando un inicio de disco insuperable.

Con ‘If You Need To, Keep Time on Me’, de hecho, parece arrancar un segundo disco dentro de Crack-Up: en este caso uno más aburrido y estático –o puede que estemos ya saturados de tanta belleza–, con más recurrencias a nivel melódico, pero conservando momentos de extraordinaria belleza. Entre ellos destaca la segunda mitad de ‘On Another Ocean (January / June)’: esa explosión controlada de luz, color y agudos vocales llenos de carisma; y la deliciosa cadencia del estribillo de ‘Fool’s Errand’. Por el contrario, un final tan dilatado como lo es el compuesto por ‘I Should See Memphis’ y ‘Crack-Up’, piezas de clausura, alarga innecesariamente un trabajo que, en su conjunto, resulta excesivamente largo y rico en detalles.

El peor halago que recibirá este álbum es que peca de excesiva calidad, porque ciertamente resulta abrumador. Disfrutar aquí de Fleet Foxes roza la hazaña cultureta: es mucho más exigente que haberlo hecho con sus dos anteriores trabajos. Pero, como diría el bueno de David Simon (creador de The Wire, Treme, Show Me a Hero o The Corner), que se joda el oyente medio.

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