Crítica: James Vincent McMorrow – We Move

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Le recordaréis por ‘Glacier’, el tema de aquel entrañable anuncio de la Lotería de Navidad de 2014, y por ‘Wicked Game’, su versión del clásico de Chris Isaak que sonó en el tráiler de la última temporada de Juego de Tronos. Es James Vincent McMorrow y estrena nuevo disco: We Move, una inequívoca declaración de su espíritu artístico, siempre cambiante.

James Vincent McMorrow es un tipo irlandés que no le tiene miedo a los cambios. Para él son simplemente pasos en la evolución lógica de sus necesidades como artista. Desde siempre, desde que irrumpió en la escena de su país en 2010, se he venido moviendo en una especie de autopista interior entre la carrera de James Blake y la de Bon Iver, facilitándonos mucho la vida a los periodistas musicales que vivimos de la descripción comparativa. Introduciendo, eso sí, importantes cambios estilísticos en cada una de sus nuevas publicaciones. El punto de partida lo marcó Early in the Morning, un álbum reservado y semi-acústico, rural y con más aspecto de folk que cualquiera de sus siguientes trabajos, pero ya entonces sobresalía un estilo de producción que debía mucho al de James Blake. Para su segundo disco, como pasó también con Bon Iver –con quien comparte tonalidades agudas de voz–, McMorrow optó entonces por texturas más sintéticas y por un ritmo folk más discreto. Un álbum, Post-Tropical, que contenía la canción que le hizo famoso en nuestro país: aquella ‘Glacier’ utilizada en el anuncio de la Lotería en la Navidad de 2014.

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Toda aquella notoriedad ganada, sin embargo, se queda en nada si lo comparamos con la que ha obtenido ahora tras lograr que una canción suya, en concreto la versión de ‘Wicked Game’ de Chris Isaak, sonara en el tráiler de la última temporada de Juego de Tronos. Solo un dato: 60 millones de escuchas en tan solo dos días. El tema en cuestión no se ha incluido en su nuevo álbum, estrenado hace menos de una semana, pero por el tono general del mismo, con un carácter marcadamente popero, habría que empezar a tomarse muy en serio la versatilidad de este hombre. Porque toda la desnudez y el sigilo de ‘Wicked Game’, todo lo carnal y descamisado, encuentra su antagonismo en We Move, un disco escrupulosamente pulcro, sofisticado a más no poder y con un acabado electrónico que busca sus referencias en el temprano encuentro de la producción con el pop de los ochenta. Synth-pop con acento a Prince, en pocas palabras. Por primera vez en su carrera, parece que la inspiración soul no proviene tanto del pálido James Blake como de cuerpos y voces más negras (o mulatas).

Del blanco al negro

No se trata de una inmersión total a pecho descubierto, sino más bien un coqueteo con sus intereses más inmediatos, aquellos que siempre le han guiado a la hora de componer y evolucionar. Y, en este caso, se ha dejado llevar por su pasión por Prince y, en menor medida, por Drake. Todavía hay temas donde la influencia mayoritaria sigue siendo Bon Iver –‘Last Story’, ‘Evil’– y James Blake –‘I Lie Awake Every Night’, ‘Killer Whales’ y ‘Surreal’–, aunque se permita, como en las dos últimas, ademanes vocales más propios del soul-pop de ayer que del de hoy, y hasta la inclusión de un coro medio góspel en la primera. En general, de hecho, da la sensación de que Jame Vincent McMorrow confía cada vez más en su voz y de que ha volcado en ella gran parte de su esfuerzo a la hora de construir el corpus melódico del álbum. Y no es para menos, porque ahí el hombre tiene un don. Por eso el acompañamiento instrumental y de producción, aunque extremadamente cuidado, juegan un papel cada vez más secundario.

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En su acercamiento al universo pop ochentero mulato resulta paradigmático el corte ‘One Thousend Time’, con tono glamuroso, cierta brillantina y un ritmo entrecortado que bebe de los últimos gritos del R&B moderno; pero la norma general es que dicho coqueteo se produzca en la misma estructura general, como sucede en ‘Seek Another’, o en otros ámbitos quizá más secundarios: en texturas instrumentales, arreglos de todo tipo, acabados de voz y coros como los ya mencionados, y en la voluptuosidad de los altorrelieves melódicos propios del pop. ‘Get Low’ es, en ese sentido, la referencia más clarificadora. Así que no queda gran cosa del James Vincent McMorrow reservado y un tanto cavernoso de sus inicios. Ni siquiera en aquellos cortes más desnudos y suyos, en los menos almidonados de estilo, renuncia a la espacialidad luminosa y diáfana que le aporta el tipo de influencias por los que está dejando llevar ahora. Apenas un poco en la profundidad de ‘Rising Water’, brillante tema inaugural, y en la soledad de ‘Lost Angels’, sentido corte final, aunque tampoco se erigen como el pan del sándwich del global del álbum. Los cambios, en definitiva, le sientan bien a McMorrow: síntoma claro de que se trata de un artista en movimiento.

James Vincent McMorrow actuará este otoño en nuestro país: en Bilbao (29/10), en el marco del BIME Live 2016, Madrid (30/10) y Barcelona (31/10). Entradas ya a la venta.

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