Crítica: Justice – Woman

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Las brasas de popularidad y atractivo de Justice se han enfriado más de la cuenta en los cinco años que han tardado en publicar Woman, su tercer álbum. Con él los franceses materializan un claro acercamiento al pop de pista y a la música disco que no sacian las altísimas expectativas. Confiemos, en cualquier caso, en sus rotundos directos.

Justice, el dúo francés de electrónica que a principios de la década parecía que se iba a comer el mundo, ha vuelto tras cinco años de silencio discográfico que se han hecho muy largos. Exceptuando algunos Eps y singles publicados entre 2011 y 2013, Gaspard Augé y Xavier de Rosnay se han mantenido apartados de la escena en los últimos años echando a perder gran parte de la popularidad ganada con Audio, Video, Disco, su segundo álbum, que queda ya muy lejos en la memoria colectiva del gran público. Sorprende, aún así, la poca repercusión que está teniendo el lanzamiento de Woman, su tercer disco: trabajo en el que presentan su versión más discopop, alejándose drásticamente de la inspiración rockera y del tipo de beat imponente y colosal al que nos habían acostumbrado. Una metamorfosis que les separa aun más de aquel gran momento de fama y forma que les llevó a triunfar en festivales como el Primavera Sound como auténticos adalides de la nueva electrónica. Es una pena, pero parece que las brasas de su popularidad y atractivo se han enfriado más de la cuenta en estos cinco dilatados años.

Si no fuera por esos precedentes, analizaríamos Woman desde otra perspectiva: como un disco más de electrónica en cuyo discurso se nota la intención de aplicar un valor añadido al ritmo. Pero no: el destino había reservado a Justice una posición de liderazgo a la que el dúo francés no ha respondido ni en tiempo ni en forma; y eso pesa mucho en el análisis. El álbum tiene calidad, momentos de mucho magnetismo rítmico, inspiraciones variadas y ricas, estilo propio, coherencia interna y varios temas que pueden funcionar de maravilla en futuras giras multitudinarias, donde seguro que dan la talla con creces. No lo duden. Pero si el recuerdo que tienen de Justice es el de haber presenciado alguna de sus potentes y rotundas actuaciones o se basa en los discos en directo –A Cross The Universe y Access All Arenas– que publicaron tras su primer y segundo álbum, Woman seguramente no les saciará. De marcar el ritmo y liderar la manada han pasado a engrosar las filas de la muchedumbre, a caminar discretamente, a su estilo y ritmo, hacia terrenos más accesibles lejos del modelo live.

Vencidos por las expectativas

Ahora bien, si insisten en buscar a los Justice de antaño en Woman es cierto que pueden seguirse algunos rastros. En la plasticidad del beat en ‘Safe and Sound’, por ejemplo, y en la preeminencia de las cuerdas: un tema que recorre espacios propios del funk y del soul de oro de los primeros años de desarrollo de la música disco, y que abre el álbum con un fuelle que poco a poco va quedando vacío. ‘Randy’, por su engalanada contundencia, ‘Heavy Metal’, por su llamativo organicismo, y ‘Alakazam!’, por su acabado descarado y por la monumentalidad de su beat, también podrían ponernos sobre la pista de sus anteriores obras; pero ‘Fire’, la continuación de esta última, nos reconduce claramente hacia los nuevos horizontes de Justice: la música disco, el pop setentero y de principios de los ’80, la inspiración de la música negra y, en definitiva, hacia el sonido –al menos en esta pieza– de ‘Thriller’, de Michael Jackson.

Después hay cortes lentos que terminan de sentenciar cualquier atisbo de conexión efectiva con sus primeros dos álbumes: empezando por ‘Pleasures’, cuya modulación lírica podría anticipar el futuro de unos Tame Impala definitivamente seducidos por lo sintético, siguiendo con una ‘Stop’ abierta y muy accesible, y acabando en la dupla final ‘Love S.O.S.’ – ‘Close Call’, marcan un punto de fuga en el álbum que se sale de la imagen clásica y esperada de los Justice más mayúsculos y directos. Solo ‘Chorus’, con esa particular iluminación vertical tan propia de los franceses, representa un paso, digamos, arriesgado en cuanto a dirección: coqueteando con una vertiente industrial que habría resultado interesante que aplicaran en mayor medida a lo largo del disco. Woman es, por tanto, el primer frenazo de Justice en su (hasta 2011) meteórica trayectoria: no tanto por la calidad del disco, que es incuestionable, sino sobre todo por lo que se esperaba de ellos. Más allá del liderazgo y la innovación, todos imaginábamos que con su tercera referencia darían un golpe encima de la mesa con la fuerza que otorgan cinco años de carrerilla, pero no ha sido así.

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