Crítica: Leon Bridges – Coming Home

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leon-bridgesLeon Bridges no fue una joya del soul olvidada y recuperada con el paso del tiempo. Tampoco el ídolo invisible de millones de sudafricanos que celebraban sus hitos más reivindicativos, ni ninguna figura influyente por el estilo. Principalmente, y entre otras razones, porque este joven de Atlanta acaba de cumplir 26 años y porque, hasta hace poco, pasaba más horas lavando platos en un restaurante de Texas que componiendo y grabando en el estudio. Por suerte, el talento acaba aflorando tarde o temprano, y en su caso la espera no ha sido especialmente dilatada. Leon Bridges ha debutado este año engatusándonos con un disco titulado “Coming Home” que perfectamente podría haber salido de una colección de clásicos del soul, pero que sin embargo se ha gestado en el siglo XXI y a cargo de Columbia Records. Casi nada.

Su carta de presentación fue toda una declaración de intenciones: ‘Coming Home‘, más allá de hacerse viral en Spotify, desubicó a propios y extraños con su innegable espíritu sesentero. La delicadeza, fuerza y pasión que albergaba esa voz, no evitó que pensáramos en abanderados de la música negra como Sam Cooke, Solomon Burke (y el impepinable “Rock N’ Soul”) o esa virtud de transmitir emociones a flor de piel tan propia de Otis Redding. Todo fueron méritos hasta la fecha, incluyendo la llegada de ‘Lisa Sawyer‘, un precioso tributo a su madre que catapultó su fichaje por el sello norteamericano.

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Allí se pulió el diamante en bruto. El sonido añejo, la estética ‘vintage’, trabajada y cuidada de forma sutil, y la producción higiénica a cargo de Austin Jenkins (uno de sus descubridores) sacan todo el brillo a su elegancia. Sin buscar o no comparativas con sus maestros, “Coming Home” te hace olvidar que es una obra actual y fluye cómodamente con esa condición (decididamente buscada). La coqueta ‘Brown Skin Girl‘, cuyos saxos reafirman ese deseo de evadirse en el amor bajo la luna blanca, suena al clásico romance pasional que se hace de rogar, pero que acaba triunfando. Al contrario que ‘Pull Away‘ y sus ‘oooh-ooh’ que, aun presos del desamor, conserva esa agudeza con la que nos hace sentir cada frase como un sentimiento crucial en su vida. Desde la homónima con la que se dio a conocer hasta ‘River‘, un corte gospel en el que clama ser purificado y con el que nos despide rogando a Dios ser un hombre mejor: “Oh, I wanna come near and give you, Every part of me, But there is blood on my hands, And my lips are unclean”. Ahí es nada.

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La apuesta es firme. Su proyección, insultante, como en su momento fue la de otros tantos revivalistas del género como Eli  Paperboy Reed o Mayer Hawthorne, que finalmente vieron cumplir sus sueños. El de Leon Bridges no queda nada lejos. De hecho, ya es una realidad, pero estoy seguro de que esto es sólo el comienzo de una carrera gloriosa. “Coming Home” es una demostración de talento, clase y buen gusto; un gran descubrimiento.

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