Crítica: PJ Harvey – The Six Hope Demolition Project

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PJ_Harvey Seamus_Murphy

PJ Harvey nos invita a reflexionar sobre la realidad político-social que no queremos ver del mundo en su nuevo disco, un extraordinario y complejo trabajo que, además, pone de manifiesto la impresionante versatilidad musical de la artista británica. The Six Hope Demolition Proyect perdurará en el tiempo, y se postula como otro de los discos del año.

El amor siempre estará de moda y nunca será un tema menor. La historia, sin embargo, nos ha demostrado que de una u otra forma todo el mundo sabe amar, e incluso expresarlo; pero no todo el mundo sabe pensar de manera crítica, y ni mucho menos sabe expresarlo de forma artística. PJ Harvey, con su nuevo trabajo, nos ha dado una lección de lo segundo: más allá de lo estrictamente musical, The Hope Six Demolition Project es un poderoso y sincero alegato por la empatía emocional, por una visión crítica de la condición humana; un manifiesto ideológico por la paz y por todo el bien que la raza humana es capaz de hacer. Y solo por eso ya merece la pena oírlo. El origen del álbum está en The Hollow of the Hand, el primer libro de poemas publicado hace seis meses por Harvey, confeccionado a partir de su experiencia visitando Kosovo, Afganistán y otros destinos atípicos dentro de la larga gira de presentación de Let England Shake. Una vivencia que le ha abierto los ojos –“What I’ve seen / Yes, it’s changed how / I see humankind / I used to think progress was made / We could get something right”– y que inunda de principio a fin su noveno y último trabajo.

El álbum representa cómo extraer el bien del mal, lo bello de lo horripilante –“Broken glass / A white jawbone / Syringes, razors / A plastic spoon / (…) a ghost of a girl / Who runs and hides / (…) children’s cries from the dark / (…) This is how the world will end”–; cómo traducir en alegato artístico la denuncia de una injusticia; cómo detener la rueda de la indiferencia. Harvey retrata atmósferas de posguerra o de belicismo latente: el miedo, el vacío, la destrucción, la desesperación. El desamparo. Nos habla de ello, desde una visión cercana pero (obviamente) en segunda persona, y musicalmente se refleja en dos coordenadas clave para entender este disco. Por una parte, en la brillante elección de un tono carente de toda teatralidad, remitiéndonos más a una realidad cruda que a una obra de arte calculada, desviándose de los típicos efectos dramáticos que en occidente ya nos dejan fríos. Y por otra, en haber sabido otorgarle dignidad al caos –ese omnipresente y amenazante saxo– en su fórmula hasta el punto de contagiarnos el impacto que supone, para un urbanita del primer mundo, observar el planeta y a la humanidad tal y como son en realidad.

Abre los ojos

The Six Hope Demolition Project es un álbum que se va haciendo complejo, denso y exigente a medida que avanza. Es incluso un pelín incómodo, lo justo para removernos algo por dentro. Aunque partamos del sonido familiar y rockero normativo de ‘The Community of Hope’, con el enérgico impulso vocal de Harvey, firme y valiente, enseguida nos remite a los terrenos cavernosos y cruciales de ‘The Ministry of Defence’ –ver ‘Machine Gun’, de Portishead–, donde empieza realmente su alegato, y a los de ‘A Line in the Sand’, una preciosa mirada fija al horror, continuando por la misma deriva de concienciación: –“When we first got to the camp / Our supplies were not enough / I saw a displaced family / Eating a cold horse’s hoof / Oh a cold horse’s hoof / (…) We sent up tents / Brought in water / Air drops were dispersed / I saw people kill each other / Just to get there first / Oh just to get there first”–. Como también en ‘Chain of Keys’, la música de una deshilachada ceremonia mortuoria, en ‘Medicinals’, donde reflexiona sobre la destrucción cultural de la América nativa, y en el implacable tramo final del álbum.

El tramo central, sin embargo, nos da una pseudo tregua en cuanto al planteamiento ideológico, dejándonos canciones como la húmeda y honda ‘River Anacostia’, ‘Near the Memorials to Vietnam and Lincoln’, con esa inocencia rockera tan familiar, y una ‘The Orange Monkey’ tan esperanzadora como amarga. Pero siempre vuelve al tema central del álbum. Morfológicamente, además, las canciones no tienen más puntos en común que la propia Harvey y lo que nos quiere contar. Da igual que ‘The Ministry of Social Affairs’ empiece con cuerpo de blues, ella se la lleva a su terreno personal, confesándonos qué le ha hecho abrir los ojos: “A million beggars silhouettes / Near where the money changers sit”. O: “A tableau of the missing / Tied to the government building / 8,000 sun-bleached photographs / Faded with the roses”, en la trotona ‘The Wheel’. Al final, el manifiesto acaba con la triste despedida –“All my words get swallowed / In the rear view glass / A face pock-marked and hollow / He’s saying dollar dollar”– que refleja la dulce ‘Dollar, Dollar’, dejándonos un sabor agridulce por lo bueno que es el disco musicalmente hablando, y por lo mucho que es capaz de removernos por dentro. Un álbum de amor lo hace cualquiera; uno así, solo PJ Harvey.

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