Crítica: Pond – The Weather

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Partiendo de sus raíces de rock psicodélico setentero, Pond perfilan un perímetro estilístico más amplio en The Weather, su séptimo disco. Con él, y aunque Kevin Parker haya sido su productor, Tame Impala ve alejarse a su banda hermana hacia un horizonte en 360º.

Hasta ahora, como norma general, los discos de Pond nos auguraban digestiones más bien conflictivas, como esas cenas a base de comida mejicana que tanto disfrutas a la hora de zampártela pero que intuyes que más tarde te dará problemas. Los australianos, entrelazados con su banda hermana Tame Impalacomo os contamos en su día–, siempre han representado una línea paralela a la de ésta, solo que más dura, más picante y más ortodoxa dentro de la escena psicodélica. Sin embargo, en The Weather, su último trabajo, la formación liderada por Nick Allbrock ha dilatado su propuesta hasta tal punto que gran parte de esa acidez psicodélica tan característica suya parece haberse diluido en un líquido tipo Almax que nos permite disfrutar de ellos sin riesgo alguno.

Pese a que el disco lo ha producido Kevin Parker, y al margen del similar gusto creciente por lo bailable, también es evidente el distanciamiento cada vez mayor de Pond con respecto a Tame Impala. Hay melodías, texturas, ritmos y atmósferas semejantes, obviamente, pero el robustecimiento de todo aquello que les separa es ahora mayoritario. Solo unas pocas canciones podrían haber formado parte (con calzador) de Currents, pues la norma general se dispara en muchas más direcciones. En ese sentido, y comparándolo solo con el resto de la discografía de Pond, The Weather dibuja una expansión concéntrica de su fórmula musical frente al tipo de discurso más lineal de anteriores entregas. En otras palabras: que, partiendo de un epicentro de psicodelia setentera, su sonido ha crecido en 360º.

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Su propia vía

Dicho epicentro, y por ende la canción que más encajaría en una publicación de Tame Impala, es ‘Sweep Me off My Feet’: un corte luminoso, macerado al sol e invenciblemente optimista, que nos remite incluso a los tiempos de Innerspeaker, cuando las guitarras tenían un peso más preponderante en la banda de Kevin Parker. A partir de ahí, y exceptuando quizá ‘Paint Me Silver’ –macerada no al sol sino bajo un cocotero–, ‘All I Want for Xmas (Is a Tascam 388)’– ese ritmo y esos teclados voladores– y el final de ‘Edge of the World, Pt. 2’, el modelo de canción cambia a cada paso, perfilando un perímetro estilístico sensiblemente más amplio que el de anteriores trabajos.

Entre los polos más alejados de la psicodelia como la entendíamos en Pond, destaca ‘Colder Than Ice’, un irresistible hit de pop bailable a medio camino entre los Arcade Fire de Reflektor y Michael Jackson, la segunda parte de ‘A / B’, cuando el tema se pone un poco James Blake pese a haber arrancado en forma de grito sucio de psychopunk, y la narcótica ‘Zen Automaton’, cuyo estribillo sí que orbita a una distancia menor con respecto al centro. En la misma línea contenida arranca ‘Edge of the World, Pt. 1’ y también el disco mismo, con una ‘3000 Megatons’ que al final eclosiona en vocoders y beats que parecen augurar más embrollo melódico y macarrismo del que nos tenían acostumbrados en anteriores álbumes.

The Weather se cierra con un tema homónimo a medio camino entre sus similitudes con Tame Impala y una vía particular que ha ganado en estilismo propio. Las líneas melódicas dicen una cosa y las texturas lo contrario. Culmina así un trabajo importante para Pond en cuanto a su asalto definitivo del mainstream. No es probable que atraigan en masa a quinceañeros y a fanáticos del pop, pero al menos ya podemos rebatir a quienes siempre les han ninguneado como los hermanitos raros de Tame Impala, los que sumergían demasiado su rock en la psicodelia.

Pond actúan este sábado día 3 de junio en el Primavera Sound de Barcelona.

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