Crítica: Sampha – Process

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Sampha

Sampha acaba de publicar uno de los mejores discos de 2017. Así de rotundo. Process es fruto del enfrentamiento del músico con sus sentimientos y con la muerte de su madre, y de un extraordinario ejercicio de sinceridad consigo mismo. Todo envuelto en una lírica precisa y hermosa y en una morfología musical a caballo entre ANOHNI y James Blake.

Sampha Sisay no es ningún desconocido ni un recién llegado. Ya en 2011, con apenas 22 años, ganó su primer gran reconocimiento al juntarse con SBTRKT para el álbum de debut de éste y su posterior puesta en escena, aunque por aquel entonces ya había colaborado con Jessie Ware y Lil Silva e incluso había publicado con Young Turks un primer EP. Gracias a SBTRKT conoció al rapero canadiense Drake, con quien colaboró en 2013, y más adelante también a Kanye West, a Frank Ocean y a Solange, el triplete de artistas ilustres que el año pasado contaron con él para sus respectivos y brillantes trabajos. Con una voz celestial y siempre sentida como principal aval, se movía como pez en el agua en terrenos electrónicos, hip-hoperos y de R&B. La notoriedad que alcanzó por ello, sin embargo, se ha visto corroborada ahora con creces merced al que es su primer disco en solitario, Process, publicado el pasado 3 de febrero. Un disco terriblemente sincero y bonito, heterogéneo aunque a la vez redondo y muy coherente; un disco que parece resultado de un importante proceso terapéutico interior.

La triste historia que hay detrás

Nacido en Londres hace 28 años, Sampha volvió a la casa familiar en 2014 para cuidar de su madre, enferma de cáncer, y fue ahí, en esas tristes circunstancias, donde empezó el doloroso pero sanador proceso de concepción de su primer álbum. Fruto de su reclusión –Binty Sisay falleció en otoño de 2015–, de enfrentarse a sus sentimientos en soledad y de un extraordinario ejercicio de sinceridad consigo mismo, el músico británico ha creado un discurso lírico y musical íntimo, hermoso y dulce, con un estilo totalmente personal (cero colaboraciones externas, más allá del productor Rodaigh McDonald) que se nutre de grandes influencias como James Blake y ANOHNI.

La temática general de Process gira en torno al miedo y la inseguridad (‘Plastic 100º’), a la périda de un amor (‘Take Me Inside’, ‘Timmy’s Prayer’), a la soledad, a la identidad y la familia (‘What Shouldn’t I Be?’) a la redención por los errores y por el tiempo malgastado (‘Reverse Faults’), a la expresión sincera de unos sentimientos que le hacen humano (‘Incomplete Kisses’) y, obviamente, en torno al fallecimiento de su madre (‘Kora Sings’, ‘(No One Knows Me) Like the Piano’); aunque tampoco se esconde ante su propios fantasmas (‘Blood on Me’, ‘Under’). Cimentado en una sofisticada lírica llena de rimas y color, su discurso destaca por una asombrosa capacidad para crear imágenes, escenas y escenarios que, ya de por sí, nos cuentan historias. Y muy bien contadas.

Pero además de su habilidad como cantante, compositor y letrista crooner, desde el terreno cada vez más abonado de la electrónica, Sampha despliega en Process un abanico musical morfológico que resulta asombroso. Sin dejar de lado en ningún momento la influencia del pop negro, el neosoul y el R&B contemporáneo, sus formas van desde la desnudez más absoluta de un piano –como no podía ser de otra forma– en la sobrecogedora ‘(No One Knows Me) Like the Piano’ y en la jameblakeanaTake Me Inside’ hasta el hit pop bailable estilo The Weeknd en ‘Blood on Me’, pasando por el planteamiento ligeramente trap de ‘Reverse Faults’ –en el estribillo–, de ‘Under’ y, en menor medida –restringido al último tramo (ojo ahí con el piano)–, de ‘Timmy’s Prayer’. Sin olvidar el medio tiempo optimista y florido de ‘Incomplete Kisses’ ni la rítmita luminosa (y una pizca tribal) al estilo SBTRKT de ‘Kora Songs’.

Luz gana a oscuridad

Como si se tratara del resumen de todo el aprendizaje que Sampha ha expresado en el conjunto del disco, ‘What Shouldn’t I Be?’ cierra su obra con una base mínima y tranquila, hogareña, sobre la que expone sus conclusiones y todo aquello que de verdad le importa. Al final los versos y enseñanzas del tipo “Family ties / Put them ‘round my neck / (…) I should visit my brother” o “Don’t let your heart hide your story / Don’t let your mind hide your story / ‘Cause if you deny others inside / It gets harder to move along” (‘Incomplete Kisses’) acaban imponiéndose a las el tipo “They said there’s somethin’ bleedin’ in me / Somethin’ screamin’ in me / Somethin’ buried deep beneath” (‘Blood on Me’), “I shot the blame and it scattered / Now there’s bullet holes spread across the walls” (‘Reverse Faults’) o “Waves come crashing over us / And I go under / (…) Waves come crashing over me / I’m somewhere in open sea / I’m gasping for air” (‘Under’). Acaba reinando la luz sobre la oscuridad.

Conclusión: el lanzamiento de este álbum automáticamente ha revalorizado al menos en un 20% las entradas para el Primavera Sound. Con permiso (o no) de The xx, Bonobo o Foxygen, Process es el mejor disco de este año hasta la fecha, y lo presentará en Barcelona el viernes 2 de junio.

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