Crítica: Stranger Things BSO

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Kyle Dixon y Michael Stein firman la banda sonora original de la serie Stranger Things, un continuo homenaje a la estética y al ideario fantástico de los años ’80, abundantemente regado por numerosos hits de la época. Si os gustó la serie y os enganchó, no dejéis de sumergiros de nuevo en su atmósfera gracias a su ya inmortal música.

Stranger Things es indiscutiblemente uno de los fenómenos televisivos del año. Producida por Netflix y escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer, la serie se adentra en ese mundo clásico de la ciencia ficción tomada desde la perspectiva auténtica y nostálgica de los años ’80 (y primeros ’90). 8 capítulos llenos de magia, suspense, ilusión, energía juvenil y ciertas dosis de terror, durante los cuales trata de resolverse el misterio de la desaparición de Will Byers, un chico de 12 años un poco freak. Pero más allá de la intriga y de estar ambientada en la época –en un pueblo inventado de Indiana en 1983– son toda la estética, la narrativa, los personajes, las fantasías, las músicas y las proyecciones de sombras futuristas lo que nos atrapa y magnetiza como espectadores, sobre todo si se está en la franja de edad de los 30 a los 40. Toda una generación criada con hitos como E.T. (82), Blade Runner (82), Poltergeist (82), Los Goonies (85), Cuenta conmigo (86), Twin Peaks (90), Expediente X (93) o con los libros de Los Cinco y de Stephen King, y que ya vimos en Fringe (08) y en Super 8 (11) sendos homenajes a toda aquella época.

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Las imprescindibles referencias a aquel periodo no acaban, sin embargo, en lo visual y en lo narrativo: también la música, como potencial elemento vehicular del cine, cumple aquí su función y nos transporta, de la mano de los grandes músicos de aquellos años pero también de la composición original de Kyle Dixon y Michael Stein, a un tiempo en el que el futuro parecía más al alcance del hombre que nunca. Un tiempo de sintetizadores llenos de esperanza, de punk de energía desbordante, de post-punk lleno de angustia existencial, de luminoso pop y de un rock y un country setenteros que no se daban todavía por vencidos. Pues bien, todo ese abanico estilístico queda reflejado en la serie con la inclusión de un buen número de canciones inolvidables y de bandas seminales; pero además, si atendemos a la banda sonora original propiamente dicha, la que ha sido compuesta para la ocasión por Dixon y Stein –publicada en dos volúmenes en formato digital en agosto (y disponibles en formato físico a partir de los días 16 y 23 de septiembre respectivamente)–, entraremos también de lleno en las atmósferas, fantasías y proyecciones futuristas propias del principio de la era musical electrónica. Una inmersión total en terreno conocido, del que, como Peter Pan, no querremos salir jamás.

La banda sonora propiamente dicha

Los tejanos Kyle Dixon y Michael Stein no han salido precisamente de la nada de la noche a la mañana. Los responsables de la fascinante banda sonora de Stranger Things tienen un grupo desde hace años llamado S U R V I V E con el que apenas han cosechado éxito hasta ahora, aunque seguramente todo cambie para ellos a partir de este excelente trabajo. Compuesto por 75 fragmentos de entre 1 y 5 minutos (la media no llega a 2), el doble disco resultante se presenta como un viaje interespacial y temporal familiar pero intenso y apasionante. Como si recorriéramos libremente, y solo con la protección de una cómoda escafandra vintage, un pedazo del cielo que ya conocemos, pero que en su día nos sirvió de patio de recreo para nuestros sueños más aventureros.

Son todas sensaciones calcadas a las que produce el visionado de la serie, aunque quizá incluso más nostálgicas y menos terroríficas. Solo el fragmento titulado ‘The Upside Down’, en particular su segunda mitad –Demogorgon–, es capaz de producirnos cierto pavor e impresión de amenaza real (aunque fantástica). Pero en su mayoría, sin embargo, reina la magia, la ilusión y cierta atmósfera de neopositivismo muy acorde con la época –pleno auge del capitalismo imparable, vivido casi como una ciencia o una religión–, con pasajes luminosos como ‘Kids’, ‘Nancy & Barb’, ‘Friendship’, ‘A Kiss’ –con el tipo de escala recurrente subrayado por los sintes– y tantos otros, que sirven de buena muestra. Mención aparte, como una isla desierta suspendida en la noche, merece el tema titulado ‘Eleven’, en clara alusión a uno de los personajes principales. Una música y un personaje que recuerdan poderosamente a esa dulce y triste Rachel de Blade Runner, y a su correspondiente canción, ‘Rachel’s Song’, en la banda sonora del filme de Ridley Scott. El dolor de una vida sin vida.

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Por otra parte, la música también reproduce otras claves de la serie como son la intriga y la acción aventurera-dramática: ‘One Blink for Yes’, por ejemplo, nos pone en contacto con esa otra realidad, mágica y terrible, que no siempre se ve a simple vista; ‘Fresh Blood’ sobre una pista fiable que seguir a la carrera –con esos sintes de escalas recurrentes–; ‘Hanging Lights’ sobre la certeza de que hay verdad en lo sobrenatural; ‘Agents’ sobre un objetivo concreto; y ‘She’ll Kill You’ sobre una promesa de venganza a muerte. Entrar en más detalles sería anticipar de alguna manera el cariz que van tomando las cosas en la serie, así que mejor dejarlo aquí. Pero baste decir que todo se sigue exponiendo con absoluto rigor estilístico, tan propio de la época que nos cuesta creer que hayan pasado ya 35 años. Incluso el devenir ligeramente industrial de las últimas notas ya estaba presente entonces; y bien presente.

La otra banda sonora: un guiño universal

Por último, resulta imprescindible hablar del remate musical confeccionado a base de inmortales temas que marcaron la época. No solo los producidos durante esos años, sino también algunos que aún seguían vigentes por aquel entonces. Como esa ‘White Rabbit’, de Jefferson Airplane, que casi cierra el capítulo 1, o ‘The Bargain Store’, de Dolly Parton, que suena en el episodio 6. Queda especialmente bien la canción de The Clash –‘Should I Stay or Should I Go’– bien ceñida al personaje de Jonathan, el hermano mayor, también un poco rarito y marginado, del niño desaparecido; así como la dupla ‘Atmosphere’ (Joy Division) – ‘Elegy’ (New Order) en relación a cierto acontecimiento del cual no podemos decir ni una sola palabra, en los capítulos 4 y 5. Por no hablar del momento cama con Foreigners –‘Waiting For A Girl Like You’–, o del tremendo final del capítulo 5 con Echo And The Bunnymen y su ‘Noctural Me’. Ni, por supuesto, de las imprescindibles aportaciones de Vangelis porque entraríamos en el terreno de los últimos dos capítulos. Quédense con la intriga, vean la serie si no lo han hecho ya, y disfruten de esta increíble y ya inmortal banda sonora. De verdad que merece la pena.

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