Crítica: Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

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Sufjan-Stevens-Carrie_&_LowellAferrarte a una vida fiel cuando ésta no ha sido justa contigo. La buena voluntad marca la diferencia. Que en su séptimo álbum de estudio, Sufjan Stevens haya decidido centrar su foco de atención en ofrendar a su madre y a su padrastro, no deja de despertarme cierta admiración. “Carrie & Lowell” es una declaración de amor. Un acto vital que apela profundamente al vacío que le dejó su madre tras fallecer. Hecho que, por una parte, ha actuado como detonante del disco y que, por otra, viene a expresar las carencias humanas de su particular relación maternal. Llena de sombras y ausencias, propiciadas por su incapacidad de hacerse cargo de ellos (al contrario que su padrastro) y por sus problemas con las drogas. Ahora, con todo lo vivido, había llegado el momento. Sufjan ha afilado su pluma para firmar un disco de carácter puramente melancólico y con una personalidad única; la más honesta que nunca antes hubiéramos escuchado de él.

Hay algo que me fascina de este disco (más allá del ejercicio emocional que lleva a cabo en él ), que es cómo resuelve cada tema. Todas las experiencias relatadas en este precioso homenaje están culminadas con un amor que solo alguien como él y con su pasado podría precisar. Que en ‘Eugene‘, la ciudad en la que veranearon durante tres años de su infancia (los únicos que pasaron junto a su madre), nos describa los encantos de ese entorno familiar (único para él, pues asegura que es de los pocos recuerdos que guarda de ella), es algo que llega al alma.

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La intimidad que destila esta obra invita a escucharla como algo más que un tributo familiar. No solo por el formato acústico con el que se desenvuelve, donde todo resulta más frágil y artesano, como si se tratara de un asunto de tú a tú; de Sufjan a su alter ego del pasado. También por la dimensión que van adquiriendo sus propios sentimientos durante el disco. Entonces descubres lo trascendentes que han podido llegar a ser en su vida. ‘Drawn to the Blood‘, un pasaje de folk preciosista, muy en la línea de Bon Iver o de S. Carey (quien por cierto ha colaborado en este álbum), pone en evidencia la impotencia que le producía esa ausencia de amor maternal: “mi oración siempre ha sido amor, ¿Qué he hecho para merecer esto?“.

Las referencias al cristianismo a veces son explícitas (de una forma u otra le influyeron a sobrellevar la situación), aunque el de Michigan, todo sea dicho, no se reprime de nada. ‘Fourth of July‘, fundiéndose en la tristeza con el piano, recuerda los últimas días de su madre entre cantos que rezuman dolor y esperanza.

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Aunque “Carrie & Lowell” pueda parecer un disco que vive bajo la sombra de la causa de su propio motivo, en realidad y paradójicamente, se erige como una vía de escape con la que ahuyenta a sus miedos más devastadores. Como algo vital para él que, irremediablemente, necesitaba compartir con el mundo. Supongo que, en mayor o menor medida, un trabajo así le habrá autorrealizado como artista, pero sobre todo como persona. Sea como fuere, Sufjan ha logrado inmortalizar con una belleza inaudita un recuerdo que no tiene porque ser necesariamente negativo y contraproducente; pues de todo se aprende.

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