Crítica: Temples – Volcano

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Volcano, segunda entrega discográfica de los británicos Temples, es la continuación más que digna de Sun Structures. Con un lenguaje más accesible y directo, presenta ingredientes continuistas y otros novedosos con los que el cuarteto ha agitado las aguas de su fórmula psicodélica; lo justo para que no se estanquen.

Existe la mitología específica del segundo disco. Como también existe una concreta para quienes triunfaron con una o dos publicaciones –Sex Pistols, Jeff Buckley, Joy Division, etc.– y para las estrellas fallecidas con 27 años. A falta de religiones que se los brinde, el hombre moderno se ha volcado en la fabricación propia de sus (mediáticos) mitos y leyendas. Es verdad que Temples, el último grito en pop-rock psicodélico proveniente del Reino Unido, tenían mucho que demostrar con su segundo álbum a tenor del éxito cosechado gracias a Sun Structures (2014), su fantástico debut discográfico; pero de ahí a revestir Volcano con el halo de trascendencia que tiene la confirmación o la primera comunión en la relación de un católico con su Dios, va un rato largo.

Fundamentalmente porque no parece que James Edward Bagshaw, su principal responsable, haya variado un pelo su forma de trabajar. Si no lo hizo al firmar con Heavenly Recordings, antes de publicar Sun Structures, no tendría sentido que lo hiciera ahora, cuando ya todo va rodado. Frente a la especie de mitología de la perdición, de la muerte por éxito, Temples encontraron en la respuesta del público y de los promotores del mundo entero la confirmación de su método, y Volcano no es más que una continuación despreocupada de dicha fórmula.

Un poco (injustamente) a la sombra de Tame Impala, el cuarteto de Kettering significó en su momento el renacer de una corriente, la del pop-rock psicodélico con influencia sesentera, que no estaba viviendo su mejor memento en Reino Unido. Su álbum de debut tenía una deliciosa mezcla entre el sabor metálico de las guitarras bien afiladas, el olor del ácido a lo lejos, pero no muy lejos, y el tacto cálido de un sol que te baña a ti y a todo lo que te rodea. Y no, es verdad: Volcano no tiene esa misma exacta combinación.

Sin embargo, en su defensa, hay que decir que las aguas de la psicodelia han de estar siempre en circulación: no pueden estancarse porque el ácido reacciona y enseguida huele mal. Que ‘Certainty’, canción inaugural y primer adelanto, suene tan diferente con respecto a Sun Structures no es sino un acierto en ese sentido. Diferente en cuanto a peso específico: volátil y “actual” como es. Las perfumadas mareas de guitarra del epicentro de ‘(I Want To Be Your) Mirror’, poco después, siguen esa línea, pero recurriendo igualmente al soplido energético que tanto azotaba bajo el sol en su álbum de debut. Son, posiblemente, los dos mejores y más prometedores momentos del inicio de Volcano.

La luz lo es todo

Luego el álbum circula por aguas tranquilas, con un discurso accesible, plácido y mayoritariamente soleado. A excepción de la amaneciente ‘How Would You Like To Go?’, que presenta ciertos abismos a los que, antes o después, llegará la luz, el sonido de Volcano se manifiesta entre la tendencia al clasicismo pop luminoso de ‘On the Saviour’ o ‘Roman God-Like Man’, la monumentalidad espacial y psicodélica de ‘Open Air’, el contundente viaje cósmico de ‘Celebration’ y la sensación “happy” sesentera ‘Strange Or Be Forgotten’, una canción que huele a cierre de los que dejan huella.

Por otra parte, a medida que avanza el álbum se hace más destacable el peso de los teclados y los sintes. Partiendo de ‘Open Air’, le da un contrapunto ácido a ‘In My Pocket’, pieza llena de flores psicoactivas, y un aire jovial, casi de extroversión al estilo Ariel Pink, a ‘Mystery of Pop’, otro de esos cortes que agitan las aguas de la fórmula de Temples en Volcano.

En general podría decirse que los británicos han sacudido la coctelera de su sonido en esta segunda entrega para darle un nuevo matiz a su expresión, y el resultado ha generado un brebaje más accesible, más fácil de digerir. Si Sun Structures escondía ángulos de iluminación insospechados por su intrincada estructura, las líneas de luz de Volcano son más directas y nítidas. El misterio de los recovecos psicodélicos ha perdido protagonismo en favor de una fórmula de perfiles más suavizados, de inspiración más narrativa que efectista. Han simplificado, en definitiva, la arquitectura de su hábitat para dar cabida a un público creciente que seguirá enamorado de la reluciente voz de Bagshaw, de los pasajes soleados de su ambientación y del resultado revisionista de un pop-rock psicodélico sesentero que evoluciona sin dejarse a nadie atrás. Y para que no haya lugar a la duda: sí, Temples se han confirmado.

Foto de Pablo Luna Chao.

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