Crítica: The Weeknd – Starboy

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La meteórica carrera de Abel Tesfaye (a.k.a. The Weekend) no se detiene ante nada. Starboy, su tercer álbum y séptima referencia discográfica en apenas cinco años, le consolida como uno de los principales valores de la exitosa confluencia entre R&B alternativo, synthpop y electrónica.

Abel Tesfaye, conocido artísticamente como The Weeknd, es uno de los músicos que más ha crecido en los últimos cinco años a nivel mundial. Canadiense de origen etíope, este cantante de 26 años se ha convertido en tiempo récord en uno de los principales valores de la exitosa confluencia entre R&B alternativo, synthpop y electrónica que protagoniza nuestros días. Su entrada en el mainstream ha sido meteórica, firmando prácticamente un lanzamiento por año desde 2011. Para ser exactos, todo comenzó en diciembre de 2010 cuando colgó tres temas en YouTube de manera anónima, seguidos por la publicación, durante el año siguiente, de una terna de mixtapes que llamaron poderosamente la atención de artistas –Drake–, críticos y público. Convertidos en triple recopilatorio en 2012 –Trilogy–, no solo le valieron el acceso al circuito de festivales de primera división –Coachella, Primavera Sound, etc.–, sino que también le abrieron las puertas de Republic Records, con quienes publica desde entonces en asociación con su propio sello XO. Trilogy, por su parte, le supuso un 5º puesto en la listas de ventas de su país, un 4º en las de Estados Unidos y la nominación para el BBC Sound of 2013 que acabaron llevándose Haim.

Lo que vino a continuación, considerado ya The Weeknd como uno más dentro de los artistas con proyección e incidencia masiva, han sido dos discos relativamente bien valorados: Kiss Land (2013), recibido con cierta tibieza, y el notable Beauty Behind the Madness (2015), un álbum principalmente catapultado por ‘Can’t Feel My Face’, su mayor acierto hasta la fecha. Es por eso que Starboy, su recién estrenado tercer álbum, ha adquirido características de reválida para el canadiense, que corría el peligro de convertirse en un auténtico Ícaro del R&B. Sin rebajar la apuesta, contando con la colaboración de tres iconos mundiales como son Daft Punk, Lana del Rey y Kendrick Lamar, y demostrando la extremada facilidad con la que compone, Tesfaye ha entregado un álbum generoso, de una riqueza sugerente y exuberante, mediante el cual ha reconciliado los dos polos que marcan su estilo: el R&B oscuro y el brillo de fama de lentejuelas del pop de pista. Un álbum donde caben pelotazos bailables tipo ‘Rockin’’, ‘Secrets’ o ‘A Lonely Night’, discursos musicales más intimistas como ‘True Colors’ o ‘Attention’, e incluso algún híbrido de ambos como ‘Love To Lay’.

Como Ícaro buscando su temazo

El disco se abre y se cierra con ‘Starboy’ y ‘I Feel It Coming’, las dos colaboraciones con Daft Punk: la primera anticipando un sonido madurado de infalible producción, y la segunda, llena de ritmo plástico, sellando el círculo con uno de los estribillos más infecciosos de todo el trabajo. Entre medias, una hora de música donde el elemento fijo inamovible, el alambre que todo lo conecta, es la voz de goma del canadiense de origen africano. Especialmente cómoda en planteamientos que exigen una agilidad y afinación extremas, ilumina la oscuridad de temas como la desafiante ‘Party Monster’, ‘Reminder’, ‘Six Feet Under’, la vulnerable ‘Attention’ o ‘All I Know’ –con Future–, ese coqueteo con el trap de los últimos compases. Ese claroscuro es, y siempre ha sido, una de las particularidades que hacen atractiva la fórmula R&B de The Weeknd. Por otro lado, empieza a notársele muy suelto en grandes temazos de pop bailable al estilo Michael Jackson: una veta que ya abrió en publicaciones anteriores, pero que en Starboy parece marcar definitivamente la dirección. En realidad, curiosamente, la anunciada asociación con Daft Punk, que representaba el indicio más claro del refuerzo de dicha vertiente, no ha dado para tanto.

Hablamos fundamentalmente de cortes como ‘Rockin’’, infalible e inflamable desde el ritmo, de ‘Secrets’, su continuación, de la muy estilosa ‘A Lonely Night’, de la carismática ‘Love To Lay’ y, claro está, de ‘Starboy’ y ‘I Feel It Coming’. Más allá de estos dos polos, por último, destacan las otras dos colaboraciones de renombre del álbum. En primer lugar la sedosa aportación de Lana del Rey al concepto central del álbum: esa breve ‘Stargirl Interlude’ tan delicada como necesaria; y, acto seguido, ‘Sidewalks’, esa penetrante pieza callejera coprotagonizada por Kendrick Lamar y el propio Tesfaye. En conjunto, por tanto, The Weeknd presenta argumentos más que de sobra en Starboy para que le sigamos considerando como una de las piezas clave del presente y del futuro de la música. Es verdad que no se ha marcado un ‘Get Lucky’ como muchos esperábamos, pero no anda desencaminado precisamente. Tiene lo que hay que tener y las puertas del mainstream están abiertas para él de par en par: solo es cuestión de tiempo.

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