Crítica: Thundercat – Drunk

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Borracho de estilo y de innumerables referencias, Drunk se presenta como la eclosión definitiva de Stephen Brumer como compositor principal. Su proyecto Thundercat, una pegajosa y deliciosa mezcla entre soul, jazz fusión, electrónica, hip-hop, funky y R&B, despega definitivamente en un disco plagado de grandes colaboradores que incluso quedan en un segundo plano. Empáchense a gusto.

En Drunk te pierdes, pero da igual. Casi mejor. Aquí no valen ni las brújulas ni las etiquetas cerradas: el disco es poco menos que una cornucopia musical y la mejor opción es dejarse llevar; como cuando vamos borrachos y todo nos sale rodado. Dentro de este álbum, el tercero en solitario en la carrera de Thundercat, todas las sensaciones son pegajosas, extremadamente perfumadas, obnubilantes y con un punto muy claro de tendencia al hedonismo. Es un interior acolchado y cóncavo, donde las notas y efectos de bajos, teclados y otros elementos orgánicos rebotan, redundan y se envuelven consigo mismas en un acto que roza el autoamor. Drunk te rebosa lenta y cadenciosamente, a ritmo de soul y R&B, mayoritariamente, pero al final te desborda por cantidad y calidad. ¡Y es un gustazo!

Stephen Bruner, bajista, compositor, productor y cantante californiano de 32 años, lleva en esto de la música prácticamente media vida, ejerciendo la actividad de bajista desde la más tierna adolescencia. Siendo todavía menor de edad su hermano mayor Ronald le introdujo en la renovada formación de Suicidal Tendencies, donde participó en la elaboración de tres álbumes entre 2002 y 2013. Desde ese fantástico escaparate el joven Bruner entraría en una espiral de colaboraciones con otros artistas de lo más dispares: con la efímera Young Jazz Giant –también con su hermano, siempre a la batería–, donde conoció a Kamasi Washington, con el cantautor nigeriano Jeziah Jones, con Erikah Badu y, más recientemente, con Flying Lotus, Kimbra, Vic Mensa, Childish Gambino, el propio Washington y con Kendrick Lamar, con quien ganó un Grammy el año pasado por el tema ‘These Walls’.

Al margen de todo eso –y piensen que hay mucho más–, Thundercat como proyecto en solitario nació en 2011, y encontró fácil acomodo en Brainfeeder, el sello de su amigo, cliente y principal impulsor, Flying Lotus. Tras un par de álbumes y un Ep ampliamente celebrado, solo era cuestión de tiempo que Bruner diera el pelotazo. ‘Them Changes’, pieza principal de su última publicación, auguraba una eclosión sin paliativos, y ésta se ha producido efectivamente a través de Drunk, la cornucopia musical de Thundercat.

Todo sabe y huele a Thundercat

Una de las mejores cosas que pueden decirse de este generosísimo álbum –23 canciones, 51 minutos– es que, pese a sus sonados colaboradores, entre los que destacan los previsibles Lamar, Washington y Flying Lotus, pero también Wiz Khalifa, Pharrell y los legendarios Micahel McDonald y Kenny Loggins, éstos quedan en un discreto segundo plano frente a la verborrea de estilo del propio Bruner, que lo invade todo. La morfología de sus canciones abarca innumerables estilos y referencias: el free-jazz de ‘Uh Uh’, la especie de afro-lo-que-sea de ‘Bus In These Streets’ y ‘Blackkk’, el hip-hop sedoso de ‘Walk On By’ y ‘Drink Dat’, el galope subterráneo de ‘Where I’m Going‘, el intenso aunque breve R&B de ‘Jethro’ y, por supuesto, la genuina mezcla que de todo ello hace Bruner, siempre con alma de soul díscolo y funky soterrado, en temas como ‘Tokyo’, ‘Fiend Zone’ –con una producción abrumadora– o la ya conocida ‘Them Changes’. Pero todas ellas, eso sí, huelen y saben intensamente a algo muy puro que el californiano lleva dentro.

Por otra parte, el álbum está plagado de piezas breves que le dan mucha vida. En cierto modo, Drunk podría funcionar casi como un mixtape dado el elevado número de cambios de ritmo y ambientación que contiene. Siguiendo siempre una gruesa y segura línea estilística marcada por sus referencias y por la primacía del bajo y del teclado, Thundercat se permite canciones del tipo sketch, de menos de dos minutos, que airean un mínimo la recargada atmósfera general del disco. Las inaugurales ‘Rabbot Ho’ y ‘Capitan Stupido’, el fugaz groove de ‘Day & Night’, el estrafalario entusiasmo de ‘Jameel’s Space Ride’ y el relajado fraseo de las encadenadas ‘I Am Crazy’, ‘3AM’ y ‘Drunk’, desenredan la madeja estilística y conceptual del álbum, permitiéndonos simplemente disfrutar dejándonos llevar.

En resumidas cuentas, si hay un álbum que traduzca en música la sensación de empacho de una comida pantagruélica, ese es Drunk: un álbum borracho de estilo, empapado de autenticidad, un filtro de esos del aire lleno de vida en forma de minúsculas esporas musicales, que se multiplican y se aman entre sí sin límites ni vergüenza alguna. Por tanto, más que la descripción pormenorizada de los diversos temas, vale más el consejo que vamos a darles: empáchense, rebócense en el hedonismo de Drunk. No siempre se nos presentan oportunidades como esta,

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