Crítica: Warpaint – Heads Up

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Heads Up, el tercer álbum de Warpaint, es una acertada combinación entre contadas y refrescantes novedades, su sonido de siempre con una producción más cuidada, y su sonido de siempre a secas. Una evolución más tímida de lo esperado, pero que mantiene a la formación californiana en un apartado propio del dream-pop donde siguen creciendo y firmando discos notables.

Me pasa con Warpaint que no se me graban sus canciones. Es extraño, porque mi capacidad de retención nemotécnica con ellas es inversamente proporcional a su intensidad atmosférica, a su densidad melódica, y a lo bien que conectan las partes de ese conglomerado orgánico que conforma sus texturas, ritmos y ambientaciones. Su nuevo álbum, Heads Up, ha generado mucha expectación debido, entre otras cosas, a la aparente modificación de sus coordenadas estilísticas a tenor de lo escuchado en ‘New Song’, su primer single. Sin embargo, no parece que haya cambiado gran cosa en el planteamiento de Warpaint tras desvelarse íntegra su última obra: es el mismo dream pop viciado de siempre, mecanizado, con las vísceras y los engranajes al aire y un trasfondo electrónico meramente decorativo. Solo algunos detalles más vivarachos, ciertas bases con beats redoblados y una sonoridad general más concentrada que circunspecta marcan algún grado de evolución. Con todo, Heads Up sigue siendo un disco fuertemente atractivo, con pasajes de sorprendente belleza y claridad, un trabajo que denota esfuerzo conjunto –ahí no fallan nunca– y un viaje que merece la pena hacer una y otra vez. Un recorrido en el que las persianas, por cierto, están siempre a medio bajar.

El acierto quizás más evidentes del álbum reside en el perfecto equilibrio rítmico que presenta, con un reparto muy bien administrado de temas lentos y cavernoso, mediotiempos de vestiduras rasgadas –en los que son especialistas– y un par de piezas más movidas, tirando en éstas, más que nunca, hacia las pistas de baile. En este último apartado destaca obviamente ‘New Song’, un corte saltarín, de un tipo de pop muy coreable y con estribillos infecciosos, que eleva las guitarras punzantes a lo alto de unas columnatas coloridas en forma de beat. Pese a la aparente transformación que anuncia su título, no obstante, no es la carta de presentación del sonido general del álbum como todos esperábamos: aparece en la tercera pista y apenas tendrá continuidad a posteriori. Solo ‘So Good’ parece seguir su estela, con un ritmo elástico, reforzado y cercano al tono sugerente del downtempo, y una serie cromática con mayor incidencia de la luz. Por eso podríamos concluir que lo novedoso de las supuestamente nuevas Warpaint no se enfoca tanto en la aceleración rítmica como en la utilización de la electrónica para sus propios fines: una producción más esmerada al servicio de su sonido de siempre.

El escondite inglés

Para defender esta afirmación sirven de ejemplo ‘Dre’, un tema que se nutre del minimal y del post-dubstep para sintetizar y perfilar su dream-pop mecanizado de siempre hacia atmósferas más diáfanas y dulces; ‘By Your Side’ –con un tramo final brillante que da paso a ‘New Song’–, un corte en la órbita del trip-hop moderno, del primer Tricky o de los últimos Massive Attack, que se ciñe a la perfección a las pieles vocales e instrumentales clásicas de la banda; y, en menor medida, ‘Don’t Wanna’, un pasaje bastante lineal sustentado por una tímida base entre orgánica y electrónica y un par de líneas vocales. En cualquier caso, no estamos hablando aquí que grandes transformaciones en su fórmula maestra: la mayoría de las canciones de este trabajo siguen patrones similares a los sus otros dos discos, tal vez con un punto más de clarividencia y menos dispersión, pero incidiendo en las mismas sensaciones sonoras. Así, el global del álbum debería ser recordado por el mediotiempo orgánico y multi-vocal, que es lo que siempre ha caracterizado en realidad a Warpaint. Por tanto, en conclusión, podría decirse que no ofrecen nada especialmente novedoso, pero tal vez sea porque la mina de su sonido clásico todavía está lejos de agotarse.

Entre las canciones que marcan la médula del sonido general de Heads Up destacan sobremanera dos temas, que además, colocados en la segunda mitad del álbum, le aportan al mismo profundidad y fondo de armario. Por un lado ‘Don’t Let Go’, una preciosa balada artesanal, muy expresiva y del tipo dream-pop lo-fi; y por otro ‘Heads Up’: una pieza que arranca onírica, que enciende el bajo con su tracatrá, que crece entre voces y guitarras de cristal duro, y que podría seguir reptando durante horas. Por último, el resto de temas son los que podrían pertenecer a sus dos obras anteriores sin ningún tipo de problemas. Desde una ‘Without’ de ritmo a contrapié a la onírica ‘Above Control’, pasando por la elegante ‘The Stall’, un corte en el que las guitarras son puro vicio, son temas que lanzan una especie de puente de continuidad interesante entre Heads Up y la obra anterior de Warpaint, acabando el álbum con una neutral y acústica ‘Today Dear’ que cierra el círculo. En definitiva, las californianas parece que han optado por darnos un poquito de cada cosa: novedades refrescantes, su sonido de siempre con una producción más cuidada, y su sonido de siempre a secas. Buena combinación; gran disco.

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