Crónica: Blonde Redhead @ Razzmatazz 2 (25/02/17)

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Blonde Redhead convencen en su paso por Barcelona, poniendo en valor sus últimas publicaciones sin obviar sus discos más apreciados. Solidez, seguridad en sí mismos, pero sobre todo, una unión que parece irrompible. 

El paso de Blonde Redhead por Barcelona este pasado fin de semana dejará huella. No solo por lo exclusivo de la cita a tenor de los precedentes: casi diez años sin dar aquí un concierto en sala; si no, fundamentalmente, por todo lo sustancial que nos ofrecieron el sábado en la sala 2 del complejo Razzmatazz. El trío ítalo-norteamericano-japonés venían a presentar en directo un EP de cuatro temas que aún no ha visto la luz, y del que apenas hemos podido escuchar el tema que le da título como primer y hasta ahora único adelanto. Por lo tanto, no es aventurado afirmar que pocos o muy pocos fueron los asistentes que acudieron al concierto alentados por las últimas novedades de la banda, convertida en grupo de culto hace más de una década a raíz de Misery Is a Butterfly y 23, sus dos mejores y más perdurables publicaciones.

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¿Y qué fue lo que nos ofrecieron los gemelos Pace y Kazu Makino? Pues principalmente solidez, seguridad en sí mismos y en su sonido, y una modalidad de entrega elegante, fina, precisa y a la vez desmelenada, capaz de conectar con todo tipo de público. El espectáculo, que duró una hora y media exacta, fue todo un manifiesto del particular sonido de Blonde Redhead: sugerente, cálido y consistente, una construcción espacial acolchada, íntima y segura donde incluso los golpes internos se amortiguan sin dolor; o con uno bien gestionado. Lo que solemos llamar un círculo de confort, vaya. Su sonido combina gamas cromáticas que, sin ser en absoluto convencionales, siempre nos resultan familiares y acogedoras, como si hicieran referencia a un lugar lejano y querido que nunca debimos haber abandonado. Describirlo simplemente como dreampop es quedarse muy cortos.

Matemáticamente hablando el peso de la actuación del trío recayó, como no podía ser de otra forma, en canciones provenientes de Misery Is a Butterfly –sobre todo– y de 23, pero el halo común que otorgaron tanto a éstas como a las más nuevas envolvió todo el repertorio en una misma atmósfera, capaz de manifestarse de manera difusa y a los dos segundos fibrosa. El espectáculo arrancó con la sedosa ‘Falling Man’, la sugerente ‘Elephant Woman’, y, en medio de ambas, ‘Bipolar’, a la postre el único momento de retrospectiva hacia sus inicios, más oscuros y ásperos. Pero el recurso a sus ases, evidentemente, se reforzó en la segunda mitad del concierto, inaugurando ‘Dr Strangeluv’ la recta final con una Makino algo desafinada, arremetiendo con ‘Spring and By Summer Fall’ justo en el momento oportuno –a modo de falso cierre y tras una desafiante ‘Dripping’–, y dejando para los bises una potente y carismática ‘Pink Love’ y la erizada ‘Equus’, tema con el que sellaron la velada.

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En cualquier caso, y pese a que gran parte de su definición estilística se deba a trabajos casi pretéritos todavía muy vivos, el trío también puso en valor su material hasta ahora más reciente –Barragan (2014)– e incluso llegó a presentar tres cuartas partes del EP que está a punto de lanzar al mercado. De su mencionado último disco sonaron la extensa ‘Mind to Be Had’, que evolucionó de maravilla desde lo atmosférico a lo intenso, ‘No More Money’, con sus ecos y meandros melódicos, ‘Defeatist Anthem (Harry and I)’ y, especialmente bien, ‘Dripping’, interpretada de manera magistral en plena escalada final. Mientras que de su inminente nueva publicación presentaron la ya conocida ‘3 O’Clock’, perfectamente integrada en un medio tiempo voraz, una distendida ‘Give Give’ con la que arrancaron los bises, y ‘Where Your Mind Wants’ To Go, un temazo de seda áspera con el que exhibieron otro de los valores incuestionables que posee la banda: su unión y profunda conexión.

Porque más allá de la bibliografía discográfica del setlist, a todas luces bien calculado, lo que Blonde Redhead presentaron el sábado fue una auténtica manifestación artística grupal. A nadie le sorprende que dos gemelos lleguen a sincronizar y entrelazar de manera tan sublime batería y guitarra –¡Que qué guitarra!– como lo hacen los Pace. Son los dos pies de apoyo de la banda: mente y cuerpo; dos dimensiones fijas que le dan aplomo y empaque a su fórmula. Pero ver cómo arropan en el escenario a la parte voluble, pasional, desmelenada, a ese corazón que le da sentido al cuerpo y a la mente que es Kazu Makino, es lo más emocionante de un concierto de Blonde Redhead.

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Fotos de Pablo Luna Chao.

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