Crónica: Nada Surf @ Razzmatazz (22/11/16)

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Nada Surf tiraron de sus himnos de siempre y del pop-rock emotivo de sus últimas entregas para solventar su actuación en Barcelona. Fiables al 100% y cercanos a más no poder, pusieron en valor toda su trayectoria en dos horas de vibrante concierto.

Sería interesante asistir algún día a un concierto de Nada Surf fuera de nuestras fronteras, más que nada para comparar. Porque este gente, o bien nos tiene un aprecio especial, que no sería de extrañar por la presencia de un compatriota en sus filas, o bien son la banda más adorable y cercana del circuito internacional. Sus visitas ya son todo un clásico en la escena de nuestro país, y aunque no han publicado material nuevo desde la última vez que vinieron –con motivo del pasado Vida Festival–, el público volvió a responder a su llamada como se merecen. En realidad sí que han sacado material desde el verano a esta parte: un álbum grabado en directo con impresionantes arreglos orquestales en el que, sin embargo, no incluían ningún tema hasta entonces inédito: una suerte de recopilatorio que, de algún modo, otorgaba a esta nueva actuación en suelo nacional cierto cariz de resumen de toda su carrera. Más de veinte años y ocho álbumes de estudio después, Nada Surf no serán quienes dictaminen las líneas estilísticas del rock alternativo del mañana, pero sí son una banda perfectamente fiable sobre el escenario; y con conciertos como el de ayer lo demuestran con creces.

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En dos horas de reloj y tras haber sido telonada correctamente por los catalanes The Crab Apples, la banda de Matthew Caws, Dani Lorca y compañía mantuvo en todo momento al público en estado de vibración, ya fuera a través de la corriente de pop-rock emotivo que imperó de manera genera, o mediante la serie de arranques cañeros e himnos llenos de carisma que salpicaron su generoso setlist. Dicha corriente, expresada en temas como ‘Whose Authority’ y ‘Believe You’re Mine’, todavía en los primeros compases, ‘Inside of Love’, ‘Friend Hospital’, una nostálgica ‘When I Was Young’, o en ‘Out of the Dark’ y ‘See These Bones’, ya en la recta final, representa ese punto medio que han alcanzado los norteamericanos entre el indie rock alternativo de sus primero trabajos, de cuyo primer apellido apenas quedan trazas, y el pop-rock blandito de sus últimas entregas. Una forma musical de nadar a favor de caudal, y también una de las claves para haber sobrevivido a la notable transformación que ha sufrido el rock en los últimos veinte años.

Los faros que iluminan

Otra de las claves de ese éxito mantenido pese a su propia evolución estilística reside en el formol en el que debe guardar Caws su voz, ya que ésta suena exactamente igual de juvenil y fresca ahora que cuando empezaron a mediados de los ’90. Por eso los himnos de Nada Surf no caducan nunca. Empezando por ‘Whose Authority’, ‘Weightless’ y ’80 Window’ –el paradigma de los Nada Surf post-grunge–, siguiendo con ‘Jules and Jim’, la oscura e intensa ‘Killian’s Red’ o la misma ‘When I Was Young’, y acabando con los mega hits ‘Hyperspace’ y ‘Popular’, ya en los bises, fuero, son y seguirán siendo por siempre los focos que iluminan cualquier actuación de la banda neoyorquina. Interpretadas, sobre todo estas últimas, con mucha garra, son temas que apenas cuentan con reflejos en su última publicación con material nuevo: un You Know Who You Are del que destacaron especialmente ‘Cold To See Clear’, canción con la que abrieron el recital, una ‘Rushing’ que nos trajo inmediatamente a la mente los arreglos de violín de su versión en Peaceful Ghosts, la acelerada ‘New Bird’ y ‘Out of the Dark’, otra pieza paradigmática de los Nada Surf más suavizados.

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Fuera del guión relativamente previsible destacaron la interpretación de ‘Concrete Bed’, especialmente cañera y contundente, y los finales épico-catárticos de ‘Hi-Speed Soul’, ‘The Fox’, que sonó con el poso de un buen vino bien envejecido, y la ya mencionada ‘See These Bones’, canción con la que cerraron antes de los bises. El concierto, sin embargo, se cerró de verdad con el canto al amor de ‘Always Love’ y con el grito de rabia de ‘Blankest Year’, aunque la banda salió nuevamente, ya con las luces encendidas, para interpretar a capella ‘Blizzard of ‘77’. Un último guiño con el público de la sala 2 de Razzmatazz que, acompañado del detalle de dejar subir a los miembros femeninos de The Crab Apples al escenario durante el último tema, dibujó un final de velada verdaderamente entrañable. Con su evolución discográfica de los últimos años puede que se estén dejando en el camino algo de la esencia de lo que un día fue su música, cuando su nombre sonaba con más fuerza, pero indudablemente son una banda fiable que todavía está muy lejos de oxidarse.

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