La estrella negra de David Bowie ya brilla en el espacio

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La música ha perdido a un artista irreemplazable. A primera hora de la mañana de hoy, las redes sociales de David Bowie anunciaban su muerte como consecuencia de un cáncer. Una enfermedad que muy pocos conocían, ya que él no quiso que trascendiese, y que llevaba 18 meses intentando combatir.

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Apenas unas horas después del lanzamiento de su vigésimoquinto álbum de estudio, Blackstar (Sony, 2016) que quiso hacer coincidir con la fecha de su 69 cumpleaños, la estrella de Bowie dejó de iluminar la ciudad de Nueva York, donde se encontraba rodeado de su familia. Seguramente ahora le toque el turno a Major Tom para enseñarle a brillar en el espacio exterior, ese que tantas veces inmortalizó en la letra de sus canciones.

El camaleón de la música, que todos los estilos probó, ha sido un creador inimitable desde que formase su primera banda, con sólo 15 años. Comenzó con el blues, triunfó con el folk psicodélico, flirteó con el glam rock hasta encumbrarse, y fue entonces cuando le llegó el turno al soul y el funk. A finales de los años setenta, Alemania le convirtió en el héroe del pop y el new wave. Y, desde ahí, todo valía: hard rock, electrónica, neoclásica, versiones, cameos, más rock… Con todos triunfó porque todas sus composiciones llevaban un toque de magia que muy pocos poseen. Por eso hoy más de medio mundo llora la muerte del Duque Blanco.

Son muchos los que han querido ver en su último álbum letras proféticas acerca de la enfermedad que estaba tratando de combatir y que, finalmente, no pudo superar. Pero, realmente, si uno conoce la trayectoria musical de Bowie, no vería nada extraño en escribir de nuevo sobre astronautas flotando en el espacio, calaveras en los pies u objetos que se descuelgan del cielo.

La única verdad hoy es que nos ha dejado un genio capaz de desafiar todas los convencionalismos. Lo hizo con la música, sentando las bases del pop actual. Lo hizo con la moda, imponiendo sus excentricidades y cambiando el estilo de los que vendrían tras él. Lo hizo con su orientación, proclamando a los cuatro vientos su bisexualidad. E, incluso, lo hizo en el cine, dándole en los morros a muchos actores consagrados con interpretaciones dignas de mención, como su Andy Warhol en Basquiat.

Por eso, el mejor homenaje que podemos hacerle hoy es subir el volumen y que no deje de sonar su música. Hasta siempre, señor Bowie.

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