Crítica: Jesse Malin – Outsiders

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Outsiders1La ambición de Jesse Malin es insaciable. Podrán pasar años, incluso décadas, que el músico de Nueva York, el que años atrás fuera el cantante de la banda glam punk D Generation, encontrará el momento para compartir sus inquietudes musicales con el tono y la forma que él considere oportunos. En solitario, como es el caso, le avalan buenos trabajos, el último de ellos “Outsiders” (One Little Indian, 2015), un álbum espontáneo, reflexivo e incluso poético que nos enseña sin tapujos lo cruda que puede llegar a ser su música. Sea cuando sea y sin precipitarse, como bien ha demostrado, pues este último lanzamiento, producido por Don DiLego (mano derecha de sus últimas producciones), nos abre el lado rock más clásico de Malin, con momentos inspirados, llenos de alma Rolling, cierta vocación pop y mucho country rock.

Lejos de ser un disco meramente transitorio (ninguno hasta la fecha lo ha sido), “Outsiders” se presenta como una obra vital en su carrera, fruto de una pasión que con los años no ha hecho más que intensificarse y que habla muy en favor de un músico con pedigrí. El neoyorquino necesitaba seguir creando muy a pesar de haber estrenado el colosal “New York Before the War” este mismo año, porque sí, porque a estas alturas todavía le queda ambición para ponerse a prueba.

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Temas como ‘San Francisco‘ lo manifiestan abiertamente, que la lentitud y la melodía pueden erigirse como términos imprescindibles en su estilo. Y así es. Aunque estamos ante un trabajo bastante uniforme, destaca la variedad de influencias y géneros que abarca durante su viaje personal. La homónima ‘Outsiders‘, por ejemplo, es puro Bruce Springsteen (¡Born tu Run!), o, yendo a lo evidente, el amargo romance de ‘The Hustlers‘ no puede ocultar la verdadera pasta de la que está hecho Malin. “She’s my baby, I don’t love her”, alcohol y rock ‘n roll. Incluso en los tiempos lentos, como la maravillosa ‘Stay Free‘, Malin se muestra audaz, aunque sea para versionar a The Clash y llevarlo a su terreno. Lo cierto es que lo hace de forma inigualable, con la clase y la personalidad que lo harían un Ryan Adams o Connor Oberst, es decir, derrochando sentimiento en cada frase y dejándose la piel en cada riff. Lo esperado en Malin, vamos. Pero hay más: ‘You Know It’s Dark When Atheists Start to Pray‘ son seis minutos de neo country que vienen a redondear un disco del que se sienten muy cercanas sus raíces y que engrandece, si cabe, todavía más su trayectoria como músico y compositor. Fuerte aplauso para él.

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