Alabado sea Neil Young: sus mejores discos

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No hemos podido evitarlo. En Cuatro Pistas nos negamos a considerar leyenda sólo al artista fallecido y queremos otorgarle en vida a Neil Young el título de Puto Amo del Rock. Celebrar que está vivo, que sigue componiendo, que aún disfruta sobre un escenario y que, como te adelantamos el mes pasado, pronto le tendremos en Madrid y Barcelona. Porque hablar de la música actual sin concederle ese derecho sería una auténtica insensatez, así que hemos decidido repasar sus mejores trabajos para amenizar la espera hasta el mes de junio. ¡Alabado sea Neil Young!

Seguro que todos podéis tararear las canciones de este genio de la música, citar varios títulos de memoria, el nombre de algunos álbumes… Pero elegir un buen disco de Neil Young no es tarea fácil, no creáis, porque hay tanto y tan bueno donde elegir, que es harto arriesgado: 3 con Buffalo Springfield, 6 con Crosby, Stills, Nash & Young, 1 con The Stills-Young Band y más de 38 en solitario. Un mito viviente del rock and roll, un nombre tan esencial para la música como el de su gran ídolo de juventud, Elvis Presley.

Porque Neil Young creció escuchando al rey del rock, a Johny Cash, a Chuck Berry y Little Richard. Pero también se crió mamando folk, que es con lo que empezó a despuntar en su Canadá natal. Provisto de un ukelele fue capaz de enamorar a los agentes de Motown, así que no tardaría en colarse en Estados Unidos sin visado para probar suerte en Los Ángeles. Formó Buffalo Springfield y, cuando medio mundo flipaba con los sonidos británicos, ellos empezaban a fraguar lo que sería el gran sonido americano: una receta en la que había mucho blues, mucho folk, mucho rock, mucho country y mucha melodía. Y desde entonces, hasta ahora. Ha sido imitado, admirado, homenajeado y versionado, pero pocos han llegado a su nivel de excelencia.

Por eso al intentar seleccionar lo mejor de Neil Young en la redacción lo teníamos tan difícil. Todos coincidíamos en dos títulos, Harvest y Mirror Ball, pero en seguida salían más nombres, así que decidimos que cada miembro de Cuatro Pistas explicase por qué había elegido un álbum por encima del resto. Tal vez no coincidan con tus favoritos, pero esperamos que disfrutes de este paseo musical tanto como lo hemos hecho nosotros.

Everybody Knows This is Nowhere (Reprise, 1969), por Jordi.

Las 7 canciones que componen Everybody Knows This Is Nowhere fueron los primeros 40 minutos de Neil Young que escuché en mi vida. Un primer contacto de los que no se olvidan, ya nada más empezar te topas con Cinnamon Girl. Aquello se parecía a algunas canciones de Eric Clapton que a veces ponían en la radiofórmula de turno; pero con algo más.

Ese algo más de hace que con Everybody Knows This Is Nowhere descubras que un solo de guitarra puede ser cautivador sin necesidad de estar vitaminado, que sin billetes puedes viajar a ese Estados Unidos arenoso que no aparece en las series, y finalmente te das cuenta con apenas 17 años que el country no es esa puta mierda que pensabas (más bien todo lo contrario).

En mi mente, siempre he pensado que las 6 primeras canciones (incluidas las sublimes Cinnamon Girl y Down By The River) son una preparación para la apoteosis final que es Cowgirl in the Sand, uno de los temas más intensos que se hayan compuesto nunca. “It’s the woman in you // that makes you want // to play this game”. Menudos versos finales para un disco que no deja de crecer, de la primera a la última canción y también en cada nueva escucha.

Déjà Vu (Atlantic, 1970), por Eva.

El primer acorde de Carry On, el tema con el que abre el segundo álbum del supergrupo que formaron Crosby, Stills, Nash & Young, ya deja patente que la música cambiaría de forma irremediable a partir de ese momento. Era la prueba de que el folk, el rock más rabioso, el country y las melodías aplastantes de la British Invassion podían coexistir y formar el gran sonido de Estados Unidos.

Reconozco que sólo descubrí esta pieza maestra cuando mi alma mater musical me bombardeó todo un fin de semana con Our House, a su juicio un ideal de armonía musical. Una canción preciosa, pero sólo cuando se acompaña con otros diamantes en bruto escondidos este álbum, como son Helpless, Woodstock y Almost Cut My Hair. Todo suena casi como por casualidad, pero la complejidad de las guitarras, el virtuosismo del piano y la perfección del resultado final reflejan horas y horas de dedicación para que el resultado fuese espectacular. Uno de esos álbumes que tienes que escuchar en esta vida.

Harvest (Reprise, 1972).

Aquí está, una de las grandes joyas de la corona, rock en estado puro converido al sonido de Nashville. El álbum con título profético que haría recoger a Neil Young una cosecha prolífica y bien merecida. Su primer número uno en las listas norteamericanas, su mayor éxito de ventas y el punto de inflexión en la carrera del artista. Porque fue entonces cuando decidió que no se vendería a las masas, sino que seguiría fiel a su música, a sus ideales y a su forma de convertir en arte cualquier sonido.

Harvest es esa pieza de repostería después de un año a dieta, un dulce que saborear lentamente, sintiendo cada nota y apreciando cada detalle oculto. Porque el álbum ya nació de una forma distinta al resto de discos editados hasta el momento. La mayor parte de las canciones se grabaron en uno de los graneros del rancho californiano de Young, usando altavoces enfocados hacia los monitores de sonido en lugar de auriculares. Un método curioso que nos ha dejado un sonido muy característico, con una acústica peculiar en el que se notan las fugas de sonido y la lejanía de los instrumentos. Prueba de ello son la versionadísima Alabama o Words (Between The Lines of Age), el tema que cierra el álbum.

La Orquesta Sinfónica de Londres colaboró en dos canciones, A Man Needs a Maid y There’s a World. Dos composiciones mucho más matemáticas en las que el piano y los instrumentos de de viento adquieren un protagonismo a la altura del artista. Para el final hemos dejado el único tema del disco que fue grabado en directo durante un concierto en la Universidad de California,The Needle and the Damage Done. Dolor en cada acorde, pero un dolor con tanta belleza que casi acaricia. El canto de Young a todos esos amigos y artistas que han fallecido por culpa de su adicción a las drogas. Unas letras que, según él, escribió sin apenas pensarlo y que se han convertido en todo un himno, generación tras generación.

Mirror Ball (Reprise, 1995).

Discazo donde los haya, porque si unes Neil Young con Pearl Jam, el resultado sólo puede ser una explosión del tamaño del Big Bang. Tal vez uno de los álbumes más duros de Young, por la crudeza de los sonidos, pero es el auténtico sonido de Seattle rasgado por un bluesman. Porque Young pone el alma de las canciones, pero Pearl Jam las envuelve y las corona.

Bendecimos el día en el que coincidieron estos dos titanes de la música en un Bridge School Benefit Concert. Young se acababa de quedar sin banda y Eddie Vedder y los suyos necesitaban un poco de aire después de algunos problemas de acoso tras la publicación de Vitalogy.

Si aún no has degustado canciones como Downtown, te recomendamos que te regales ESE momento para tí. Reminiscencias de Jummi Hendrix, de Led Zeppelin e, incluso, de los sonidos más hippies en Song X o Act of Love.

Dead Man (Vapor, 1996), por Pablo.

Dead Man es ESA banda sonora. Cuenta la leyenda que Neil Young la compuso de una sola tacada improvisando con la guitarra mientras veía en estricta soledad la edición definitiva del montaje de la película. Puede ser verdadero o matizablemente falso, pero es la versión que preferimos.

La obra de su amigo Jim Jarmush, uno de los westerns más extraordinarios de la historia del cine, se explica completamente a través de los rasgueos de Young: un sonido crudo y terminal capaz de sostener en pie de venganza a todo un hombre muerto. Un fraseo recurrente que emerge del caos, marcando el leitmotiv, y el eco de una distorsión cegadora, además de los discursos intercalados del indio Nobody y poemas leídos del verdadero William Blake por Johnny Deep, componen un trabajo que huele a Neil Young por los cuatro costados.

Mi sueño: ver Dead Man en cine al estilo de los años ’20, con Young tocando en directo.

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