Placebo: cronología de un antes y un después

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Placebo han cumplido 20 años y lo celebran con una gira de aniversario que desembarca en nuestro país en dos semanas. Aprovechando tal circunstancia, repasamos la trayectoria de una banda que se autoimpuso un punto de inflexión tras su quinto álbum. Es la cronología de un (triste) antes y después.

Que las esferas, trayectorias y decisiones personales de los músicos muchas veces condicionan su propia obra es una obviedad que cualquier trabajador puede llegar a entender. No obstante, cuando uno asocia su obra laboral a su vida como lo hacen, en ocasiones, ciertos artistas, dicha obviedad puede adquirir una importante trascendencia. Es el caso de los dos miembros fijos de Placebo, formación capital del poprock de las últimas dos décadas, quienes, tras haber mimetizado de algún modo sus personas con el mensaje, el público y el espíritu adolescente-juvenil de la banda durante gran parte de sus carreras, parecen hallarse en una nueva casilla de salida, saldadas ya de una vez sus cuentas con el paso del tiempo.

Brian Molko y Stefan Olsdal superan los cuarenta años y no tendría mucho sentido que su música siguiera dirigiéndose a las mismas generaciones de antaño, ahora veinte años más jóvenes. Principalmente porque, por mucho que el síndrome de Peter Pan pueda aceptarse en fórmulas poprockeras con especial facilidad, las propias experiencias van quedando cada vez más lejanas mientras que las vividas por los jóvenes de hoy en día poco o nada tienen que ver con aquéllas. Porque no es lo mismo haber tenido 20 años en 1999 que tenerlos ahora en 2017.

No es que Placebo se dedicaran a hacer música para postadolescentes en sus primeros y más alabados álbumes, pero su mensaje, su público y su espíritu tenían una relación muy directa con ellos. Sus letras, su encarnizada dialéctica con la “normalidad” y su permanente estado de alerta y excitación han sido acordes con sus periodos vitales al menos durante sus primeros diez años de trayectoria, materializados en un total de cinco grandes álbumes. El punto de inflexión llegó tras la publicación de Meds, hace ahora 11 años: el principio de una transición de la que todavía no sabemos si saldrán unos Placebo plenamente adultos o unos que solo quedarán asociados a sus propias efemérides. Ahora que la banda ha rebasado los 20 años de vida, y con motivo del paso de su gira aniversario por nuestro país entre finales de abril y principios de mayo, repasamos la trayectoria de una banda que, en mayor o menor medida, nos ha marcado a todos.

Placebo (1996) – Without You I’m Nothing (1998)

Por versos como “Alcoholic kind of mood / (…) Different partner every night / So narcotic outta sight” (‘Nancy Boy’), “I gotta get high / Before i go outside / Roll another / For breakfast” (‘Hang on to Your IQ’) o “Since i was born i started to decay / (…) Like stepping back in time / Trapped in amber / Petrified / And still not satisfied” (‘Teenage Agnst’), siempre entendimos Placebo, el álbum de debut homónimo de Placebo, como un canto de empatía de la formación nacida en Londres con respecto a una comunidad a la que Molko y Olsdal, sin pertenecer del todo, entendían y representaban: una juventud frustrada aunque marinada en excesos, pasional y capaz de consumirse a sí misma si no encontraba la respuesta justa a sus estímulos internos. Una juventud que más que el desamor temía la soledad y el no haberlo intentado.

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El sonido de aquella primera entrega, rudo y directo, se entroncaba en temas como ‘Come Home’, ‘Bionic’, ’36 Degrees’, ‘I Know’ o ‘Swallow’, con esa mezcla entre rock decadente, orgulloso, intenso y altamente sugerente, que a la postre marcaría la línea maestra de su estilo de cara a sus siguientes publicaciones. Fue un arranque explosivo, con todas las de la ley, y mucho más próximo al universo grunge de Sonic Youth, Pixies o The Smashing Pumpkins que no al del brit-pop de Oasis, Blur, Pulp o Suede, claramente en su punto más álgido durante los años centrales de los años 90.

Con la atención de todo el mundo puesta ya sobre ellos, y tan solo un par de años después de su debut, Placebo confirmaron las mejores expectativas en 1998 con Without You I’m Nothing, un disco con el que consolidaron claramente el sello particular de su sonido –basado en la voz de Molko y en determinadas preferencias melódicas, ambas muy reconocibles– y con el que también ampliaron la temática de sus canciones. Un disco redondo, grandilocuente, con el magnetismo imperial de ‘Pure Morning’, la rabia bien filtrada de ‘You Don’t Care About Us’ o ‘Every You Every Me’ y el íntimo, intenso y pasional carisma de ‘Without You, I’m Nothing’; pero también con reminiscencias de su primer álbum: las desgarradas y ya “clásicas” ‘Brick Shithouse’, ‘Scared of Girls’ o ‘Allergic (to Thoughts Of Mother Earth)’.

Llegados a este punto, sin embargo, es pertinente atender a un detalle relativo a ‘Without You, I’m Nothing’ que resulta bastante revelador con respecto a la trayectoria de Placebo. Más allá de que simbolice el epicentro de su relación con David Bowie –por lo visto fue él quien insistió en participar en dicha pieza–, que ya conocía y profesaba admiración por ellos desde sus primeras grabaciones, y como puede ocurrir y de hecho ocurre con casi cualquier obra de arte, la canción ha resonado entre el público en un sentido muy distinto del que tenía en su concepción original. En palabras del propio Molko: “Siempre he percibido una enorme ironía al respecto. Seguramente muchas parejas hacen el amor con esta canción de fondo, pero tanto ésta como ‘My Sweet Prince’ refieren a relaciones que se están desmoronando. Son piezas muy deprimentes, pero que la gente traduce como una gran prueba de amor”.

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¿Ciertos síntomas de desconexión entre su música y su público, tal vez? ¿O más bien la demostración de que su música y su mensaje había sobrepasado ya los límites del control personal? Sea como fuere, la música de Placebo ya no iba solo dirigida a postadolescentes efervescentes.

Black Market Music (2000)

Al margen de la valoración que hagamos de su evolución personal, Placebo siguen representando una de las vías de transición más claras, accesibles y celebradas entre el rock alternativo estilo y heredero del grunge y el rock alternativo del nuevo siglo, a las puertas de una complicada y obligada cohabitación con la electrónica dentro del mainstream. Y Black Market Music, su tercer álbum, representa perfectamente la puerta de entrada a esa nueva era.

Sin recurrir todavía de manera general a la producción electrónica que más tarde sí utilizarían, el álbum presenta sonoridades que van mucho más allá del guitarra+bajo+batería+voces, con atmósferas pacíficas, muy cuidadas y regadas de piano como las de ‘Blue American’ y ‘Peeping Tom’ –también la de ‘Narcoleptic’, claro, aunque sin piano –, formulaciones muy novedosas como la de ‘Spite & Malice’, una clara contestación, aunque Molko nunca ha querido verlo así, al rap-rock misógino de Limp Bizkit, y, en general, con una tonalidad cada vez más cómoda en la ambigüedad, en el glamour de lo gótico, en la oscuridad llevada con estilo y en una modernidad que representa el excitante desafío que necesitaba aquella generación. Un disco, en definitiva, que abrió majestuosamente el abanico y el alcance del sonido de la banda.

Si consideramos que el dogma del éxito en la industria musical popular indica que un grupo tiene que: a) armar jaleo estilístico con su primer álbum; b) consolidarse en dicho estilo y hacerlo suyo con el segundo, y c) ampliar las fronteras de su estilo sin traicionar sus raíces con el tercero, es innegable que Placebo habían seguido a rajatabla la receta y la buena respuesta de público y crítica fue incuestionable. Sin embargo, toda aquella espiral de éxito conllevaba un precio. Brian Molko explicó así, años después, cómo fue el proceso de grabación de Black Market Music:

Acabábamos de salir de una gira realmente exitosa y sentíamos que habíamos explotado. ¡Nos sentíamos como cowboys del rock! También estábamos muy medicados y comenzamos a meternos en drogas. Por eso probablemente tardamos nueve meses hacer un álbum. Los medicamentos también provocaron cierta cantidad de arrogancia. Al menos eso es lo que recuerdo de la época. Creo que teníamos el deseo de escribir sobre el mundo que veíamos a nuestro alrededor. Pensábamos que era genial que, aunque otras personas tuviesen un poco de miedo de profundizar y ensuciarse, nosotros pudiéramos encargarnos de escribir sobre esas cosas”.

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Una espiral de conquista, perdición, excesos y autodestrucción: como si tuvieran que asumir riesgos cada vez mayores sobre sus propias vidas para mantener despierta su obra, internándose más y más en una oscuridad de la que siempre había hablado, pero a la que nunca habían pertenecido del todo.

Sleeping With Ghosts (2003) – Meds (2006)

Teniendo en cuenta que fue así como funcionó la banda en su época más gloriosa, no sería del todo injusto otorgarle a las drogas cierto mérito sobre la creación de Sleeping With Ghosts, el mejor disco, sin discusión alguna, de la formación, y sobre la de Meds, a la postre el último que mantiene el nivel.

Sleeping With Ghosts fue el primer álbum en el que el coqueteo con la electrónica ya no parece eso: un coqueteo. Puesta en primera línea en ‘English Summer Rain’ y en la base casi triphopera de ‘Something Rotten’, se desliza de manera brillante en el conjunto del disco permitiendo nuevas texturas y atmósferas, las mejores de toda la carrera de Placebo, desmarcándose como el sonido más completo y amplio de su larga trayectoria. Las guitarras de ‘Bulletproof Cupid’, ‘This Picture’, ‘The Better End’, ‘Plasticine’ y ‘Second Sight’, por otra parte, alimentan la sed de impertinencia, al tiempo que ‘Sleeping With Ghosts’, ‘Special Needs’, ‘I’ll Be Yours’, ‘Centrefolds’ y, cómo no, ‘Protect Me From What I Want’, marcan las líneas más emotivas, cada vez más dolientes. La autodestrucción y la frustración juvenil, en cualquier caso, seguían marcando la dirección temática de la banda.

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Así, diez años después de haber irrumpido en el panorama pop-rock británico, Placebo alcanzaron la cifra nada desdeñable de cinco álbumes con la publicación de Meds, un grito de desesperación que ha acabado postulándose como un clarísimo punto y aparte en la carrera de la banda.

Morfológicamente hablando Meds es un álbum muy potente: el muro de sonido es más denso y gris que nunca (ese arranque con ‘Meds’, ‘Infra-Red’ y ‘Drag’), pero la voz de Molko reporta el mismo halo de esperanza que se mantiene a salvo lanzamiento tras lanzamiento, gira tras gira, trastorno depresivo tras trastorno depresivo. La espiral de drogas y alcohol en la que había caído no fomentaba precisamente la estabilidad psicológica del cantante y compositor, pero hay que reconocer que fue justo en esa época cuando más clarividencia y arrojo creativo mostró.

En el disco encontramos algunos de los mejores ejemplos del tipo de canción que ha hecho famosos a Placebo. ‘One of a Kind’, por ejemplo, o ‘Post-Blue’: arrogancia y sumisión, melodías carnosas con colmillos de guitarra clavados bien fuerte; o ‘Broken Promise’, tema bipolar que une el piano más dulce con la descarga de distorsión más rabiosa. Y también, claro está, la sana efusividad de ‘Because I Want You’, solo secundada por el aire de desahogo que presenta ‘Song To Say Goodbye’, canción que obviamente cierra el disco y, simbólicamente, la época de oro de Placebo.

De todas formas, aunque la inclinación electrónica de piezas como ‘Blind’ y, sobre todo, ‘Space Monkey’ –¡Hola, Massive Attack!–, podría focalizar nuestra atención, lo cierto es que Meds desvela, entre líneas, un hartazgo considerable. El álbum raspa la piel: es básicamente hastío convertido en rabia convertida en música. El último grito desesperado de quien no vive según sus propias expectativas. El videoclip de la canción ‘Meds’ es enormemente elocuente en este sentido.

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Battle for the Sun (2009) – Loud Like Love (2013) – Actualidad

El punto de inflexión en Placebo se produjo al acabar la gira de presentación mundial de Meds. La banda se había convertido –en palabras del propio Molko– en una marca y había perdido el gusto y el sentido por todo, incluso por tocar. Sin embargo, ante la disyuntiva de dejarlo o reformular el proyecto optaron por lo segundo: alejaron la perniciosa compañía del batería Steve Hewitt, incorporaron al joven Steve Forrest en su lugar y la violinista y corista Fiona Brice, se mudaron a Canadá para volver a escribir canciones en un nuevo entorno más aseado y, por supuesto, se desintoxicaron.

Puede que el resultado, Battle for the Sun, dejara a muchos fans de toda la vida por el camino, pero al menos es el intento de apostar por algo distinto a lo que hacían. Al menos, siempre y cuando les haya valido a ellos de puertas adentro.

Lo cierto que la fórmula musical de Placebo presenta claros síntomas de oxidación en este álbum. En ‘Kitty Litter’ hay una retorno evidente a las fuentes de sus primeros años, en especial a The Smashing Pumpkins, y ‘Ashtry Heart’ hace referencia al primer nombre de la formación, es verdad, pero en general el disco es un intento de dar un paso hacia adelante musicalmente hablando, de dejar atrás elementos que, tal vez, asociaban a sus malos recuerdos. Un intento, en definitiva, y como su propio nombre indica de manera reveladora, por alcanzar una nueva luz.

Canciones como ‘For What It’s Worth’, altisonante y un punto stoner, ‘Bright Lights’ y ‘Happy You’re Gone’, edulcoradas a más no poder, o la facilona ‘Breathe Underwater’ indican el intento de avance de Placebo, pero ninguna de ellas acaba de cuajar. Como mucho ‘Julien’, por arriesgada y por su desarrollo cañero, o ‘Come Undone’, por esa vertiente pseudo épica cocinada a fuego lento. Molko y Olsdal habían vuelto a empezar, pero se encontraron en un terreno intermedio entre lo que fueron y lo que querían ser.

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Llegados a este otro punto, y sin entrar a valorar el que hasta ahora es su último disco publicado, Loud Like Love, está claro que los Placebo que todos conocimos entre 1996 y 2006 ya no existe. Los nuevos Placebo pueden gustar más o menos, pero su reformulación ha tenido un precio, y es el de haber marcado una línea entre el antes y el después, entre un pasado glorioso y un presente solo sostenido por las efemérides, por la inercia y por el legítimo derecho de sus autores de segur creando y vendiendo discos.

Hacer una gira del 20º aniversario en la que tocarán temas de toda su trayectoria, incluso aquellos que el propio Molko dijo en su día que no volvería a tocar, podría ser una forma muy correcta de decir adiós. No estamos tratando de acabar con Placebo con estas líneas, pero seguramente todos coincidimos en que la presentación en directo de ningún nuevo trabajo de los ingleses va a generar tanta expectación como esta gira, en la que sin duda oiremos un setlist irrepetible que resumirá una trayectoria casi impecable.

Porque, seamos sinceros, ¿quién quiere realmente más discos de Placebo teniendo sus cinco primeros bien a mano? Ojalá se dedicaran a reinterpretarlos uno a uno de ahora hasta que decidieran echar el cierre.

Placebo actuarán en nuestro país en las siguientes fechas, con entradas a la venta en Ticketmaster:

Miércoles 26 de abril:   Barcelona    (Razzmatazz)    AGOTADAS
Jueves 27 de abril:       Barcelona    (Razzmatazz)    AGOTADAS
Sábado 29 de abril:      Madrid         (Palacio de los Deportes)
Jueves 4 de mayo:       Granada      (Palacio Municipal de Deportes)
Sábado 6 de mayo:      Logroño       (Palacio de los Deportes de la La Rioja)
Viernes 12 de mayo:     Calvià          (Mallorca Live Festival 2017)

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