¿Por qué nos gusta tanto Núria Graham?

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La trayectoria de Núria Graham, pese a su juventud, nos proporciona ya varios motivos para considerarla como una de las mejores artistas del panorama pop-rock nacional. Una intérprete con futuro, pero también con presente, pasado, y con una línea de evolución que ha dejado entrever que el enorme tamaño de su inquietud es el verdadero motor de su música.

Más allá de su manifiesta precocidad –empezó a hacer canciones con 13 años–, la carrera musical de Núria Graham se disparó el año pasado a raíz de la publicación de su álbum de debut, Bird Eyes, a través de El Segell del Primavera Sound. Todavía no había cumplido los 19, pero ya entonces fue capaz de sorprender y convencer a partes iguales a un público que, poco a poco, ha empezado a considerar su edad como algo anecdótico; y en esta casa no tuvimos más remedio que incluirla en nuestra lista de los mejores discos del año. Aquel trabajo vino precedido por un Ep llamado First Tracks en el que ya apuntaba maneras, y le ha seguido otro, In The Cave, publicado a principios de este año, donde la vigitana ha venido a trasladar su sonido del directo al estudio: un sonido evolucionado a base de conciertos y virtuosismos de guitarra, pero sin perder en absoluto ni su dulzura ni su característico sello de frescura. Porque la historia de Núria Graham es, ante todo, la de una guitarrista con talento y estilo que quiere seguir mejorando.

Una compositora nocturna

Su banda se ha establecido en formato trío, bien secundada por Aleix Bou y Jordi Casadesús: un revestimiento instrumental comedido pero bien ajustado a su voz, que también permite a su guitarra estirar el cuello y asomarse imperante en cada pasaje de cada canción. Su estilo podría definirse como una especie de pop-rock que se cuece de puertas adentro, transmitiendo una personalidad desenfadada, elegante y natural que, parafraseando a Martín (Hache), “tiene luz y no tiene trampa”. Graham, en cualquier caso, compositora nocturna y sigilosa donde las haya, reconoce que su primer álbum no es precisamente para escuchar bajo los rayos de un sol radiante: su luz, más bien, representa la de una mesilla de noche encendida hasta altas horas, bajo la cual se suceden historias extraordinarias en la intimidad y el arropo de las sábanas de siempre. Así era, al menos, en su ya célebre presentación en largo.

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In The Cave, sin embargo, tiene un espíritu más público y menos privado. Un sonido cuya inspiración posiblemente tenga su origen en el santuario de Graham: La Jazz Cava de Vic, un empedrado bar musical donde se realizan conciertos, y donde la joven guitarrista se ha bautizado, confirmado y fogueado durante los últimos años. En las cuatro canciones del Ep hay espacios reservados para la evasión típica del directo, ese momento en que los instrumentos parecen unirse en vuelo, muy lejos del suelo real que pisan sus amos. Una interpretación del arte escénico que, si se me permite, bebe de artistas como Kurt Vile y St. Vincent. Y es precisamente en el estilo de la tejana donde se apoya para darle esa tremenda vuelta de tuerca a ‘Toxic’ –de Britney Spears, sí–, un tema que ha versionado en directo varias veces, pero que aquí convierte casi en himno post-grunge por mero ímpetu guitarrero. Sin duda alguna, hay que tener una buena dosis de inquietud musical para hacer algo así.

Vamos al grano

Así que, respondiendo a la pregunta, Núria Graham nos gusta por esa ferviente voluntad de aprender, de buscar en sus entrañas y en sus círculos su propio sonido, y de desdoblarlo después sin piedad, remordimiento o nostalgia. Probablemente se debe a que su eclosión como artista adulta y madura ha llegado en una etapa vital en la que el aprendizaje y el crecimiento forman parte indisoluble del día a día, esculpiéndose como tal en un momento idóneo para entender que el motor de toda evolución es la curiosidad y la sana inquietud por ir más allá de lo conocido. No solo todos los músicos, sino todas las personas deberíamos tener en cuenta esta verdad cada día de nuestra vida, y a veces basta con repasar la trayectoria de alguien como Núria Graham para recordarlo. Luego musicalmente no hay lugar para la duda: la vigitana domina su hábitat, e impregna con su refrescante personalidad toda la música que firma. Más no se le puede pedir.

El vídeo corresponde a la actuación de Núria Graham en el Sofar Sound Barcelona del 19 de noviembre. Aquí podéis recordarla con nuestra crónica.

Foto de cabecera de Pablo Luna Chao.

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