¿Por qué es una gran noticia que Interpol vayan a tocar su primer disco en su próxima gira?

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Turn On The Bright Lights, el primer disco de Interpol, merece con creces una gira exclusiva. Hito indiscutible en la corriente post-punk revival que protagonizó los primeros años del presente siglo y modelo a seguir para la propia banda, este magnífico álbum cumple quince años en 2017 y la conmemoración llegará a nuestro país con motivo del festival DCode.

Decir que Interpol es peor banda ahora que hace quince años sería una tremenda injusticia. No obstante, partiendo de que cualquiera que practique la misma actividad durante tantos años, en este caso la interpretación musical, por fuerza tiende a mejorar, sí podemos afirmar que sus discos han ido perdiendo gradualmente su atractivo, su frescura y ese toque de invulnerable perfección que irradiaba su deslumbrante álbum de debut, Turn On the Bright Lights, allá por 2002.

La banda norteamericana liderada por el británico Paul Banks, uno de los referentes más claros e independientes del fenómeno musical que vino a llamarse post-punk revival, acaba de anunciar una gira conmemorativa de aquel primer asalto discográfico que, entre otras muchas ciudades, tendrá parada en Madrid el próximo mes de septiembre con actuación programada en el festival DCode. ¿Que por qué es una gran noticia? Bueno, aparte de porque se trata de uno de los mejores discos ya no solo de su añada sino de la década pasada entera, porque Turn On The Bright Lights contiene todos los modelos de canción y elementos que Interpol han practicado y usado durante los siguientes quince años después de su publicación, manifestados en sus indiscutibles mejores ejemplos. No es que Antics, Our Love To Admire, Interpol e incluso El Pintor, donde sí han mostrado signos de cierta renovación –de hecho, han pasado a ser un trío– a la baja, sean discos del todo prescindibles, pero amando y conociendo a fondo aquel primer álbum uno siempre se sentía sobradamente preparado para interpretar a Interpol en directo.

Turn On The Bright Lights, el modelo a seguir

Conscientes de la gran obra que fue su primer lanzamiento, Interpol debieron pensar que, de cara a sus siguientes entregas y a la evolución de su música, ellos mismos debían ser su propia influencia. Como si hubieran colgado el disco en la pared de su local de ensayo y se hubieran dicho: “¡señores, hagámoslo otra vez!”. En un rápido análisis de las principales características del sonido de los primeros Interpol, habría que destacar sus habituales estructuras esqueléticas, su disposición directa y desafiante, basada en un plano rítmico cuadriculado y edificado sobre una percusión insistente y normalmente marcial. Sus guitarras, potentes, pesadas, con distorsiones y ecos claros y constantes cambios de textura e intensidad, siempre rasgadas de manera eminentemente vertical, reservándose en ocasiones espacios en los tramos finales para la culminación de una leve progresión protagonizada por ellas. Sus melodías ondulantes colgadas en dichas guitarras y los fraseos recurrentes, muy recurrentes. Ingredientes todos ellos de una fórmula que dio como resultado varios tipos de canción que, como decíamos antes, se repiten en toda la discografía de Interpol sin haber superado nunca el primer molde.

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El modelo más repetido tanto en este como en los demás álbumes –sobre todo en los dos siguientes– es el de la canción directa y trepidante tipo ‘Obstacle 1’, ‘PDA’, ‘Say Hello To The Angles’, ‘Obstacle 2’ o ‘Roland’: con sus guitarrazos pesados y verticales, sus baterías marciales y sus estructuras esqueléticas reforzadas con fibra y músculo. Reconocerán estas características en temas como ‘Evil’, ‘Slow Hand’, ‘C’mere’ y ‘Lenght Of Love’, de Antics, su siguiente trabajo, en ‘The Heinrich Maneuver’, ‘Mammoth’, ‘All Fired Up’ y en ‘Who Do You Think’, de Our Love To Admire, e incluso en ‘All the Rage Back Home’, el que fue primer sencillo de su último álbum, El Pintor. ¿Supera acaso alguna de las réplicas a alguno de sus modelos? En esta casa pensamos que no.

Fuera de dicho modelo encontramos dos tipos de canción lenta: por un lado el estilo vaporoso e hipnótico de ‘Untitled’ y ‘NYC’, y por otro el más sólido de ‘Hands Away’. Puede que la oscuridad y la sensación de letargo solo estuvieran presentes de verdad en su primera obra, ejemplificadas magistralmente en los primeros dos temas mencionados, pero el modelo de la tercera se repite en ‘Next Exit’, una versión despierta de ‘Untitled’ que abre Antics, en ‘Wrecking Ball‘ y, en cierta medida, en ‘The Lighthouse’, de Our Love To Admire, así como en ‘Always Malaise’, por poner algún ejemplo de Interpol, su muy desorientado cuarto álbum. Guitarras colgadas en medio de cierta quietud y envueltas en ecos bien iluminados.

Por último, el tercer tipo de canción que Interpol crearon en su primer álbum y que luego han tratado de repetir sin el mismo éxito nos remite a la parte final de Turn On The Bright Lights e, indirectamente, a su principal secreto. Porque la cosa genial de este disco es que, usando una serie de recursos melódicos, rítmicos y morfológicos muy recurrentes, logran darle la vuelta de algún modo a su discurso en el tramo final. Durante las primeras tres cuartas partes del álbum tenemos la sensación de estar saliendo con empaque y una pizca de rabia de una especie de cueva en la que estábamos sumergidos, como si Interpol estuvieran poniendo banda sonora a nuestro despertar, a una suerte de iluminación. Hay un ritmo de arrancada, una dirección vertical y un desafío que cumplir. No obstante, a partir de ‘Stella Was A Driver And She Was Always Down’, una canción que combina la parte hipnótica de ‘NYC’ con los arranques de las del tipo ‘Obstacle 1’, empieza a crecer una atmósfera de cierta nostalgia, como si de pronto sintiéramos cada vez con más fuerza un deseo irrefrenable de volver a la cueva, al útero materno. ‘The New’ y ‘Leif Erikson’, los cortes finales, terminan de apuntalar esa vuelta de tuerca. Turn On The Bright Lights acaba pareciendo un testimonio entre las sombras, un reflujo de despertar entre el sonambulismo de la sociedad post-posmoderna de los años 00.

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El grueso del cancionero subsiguiente de Interpol ha venido marcado por ese intento de ambivalencia. El querer avanzar sin dejar nada atrás. ‘Narc’, ‘Take You On A Cruise’, ‘Not Even Jail’, ‘Public Pervert’ y ‘A Time To Be So Small’, de Antics, buscan repetir ese patrón, pero como le pasa al personaje de la película Horizontes perdidos, Interpol no logran encontrar el camino de vuelta a Shangri-la. Como también ocurre en ‘Pioneer To The Falls’, ‘No I In The Threesome’ o ‘Rest My Chemistry’, de Our Love To Admire.

¿Hemos respondido a la pregunta?

En resumen, Turn On The Bright Lights puede considerarse no solo como el mejor de los cinco álbumes de Interpol, sino también como la principal influencia de sus posteriores trabajos. El atractivo de éstos, según la mayor parte de la crítica especializada, es claramente decreciente hasta llegar a El Pintor, con suerte el inicio de una nueva fase, y aunque no sería justo descartar los muchísimos hits que la banda han producido más allá de su primera obra, hay que reconocer que si tuviéramos que salvar de la destrucción este álbum o un pack con todos los demás, perderíamos más quedándonos sin Turn On The Bright Lights, un disco completamente imprescindible.

Por todos estos argumentos entenderán que la próxima gira de Interpol es especial. Su mejor disco, un trabajo pretérito pero absolutamente capital, en manos de sus creadores, quince años después, habiéndose convertido en músicos experimentados. Es la receta de un éxito mayúsculo e indiscutible.

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